Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

1. INICIANDO EL CAMINO A LA LIBERTAD

Recientemente un padre de familia estaba tratando de dormir su siesta un domingo por la tarde en la sala de su casa y su pequeño hijo seguía interrumpiéndole diciendo: “Papi, estoy aburrido.” Por lo que su padre, tratando de inventar un juego, encontró un dibujo de un mundo en un periódico, una foto del mundo. Lo cortó en casi 50 pedazos y le dijo, “Hijo, este es un rompecabezas. Quiero que lo armes.” Luego se acostó para terminar su siesta, pensando que por lo menos dormiría de una hora y media a dos. En casi 15 minutos su hijo lo despertó diciendo, “Papi, ya terminé. Ya lo armé.” “Estás bromeando.” El sabía que su hijo no conocía todas las posiciones de los países y cosas como esas. El dijo, “¿Cómo lo hiciste?” El niño dijo: “Papá, había una foto de una persona en el reverso de la página de ese periódico y cuando terminé de armar esa persona el mundo se miraba bien.”

Estamos comenzando una nueva serie mensajes, y se llama el “Viviendo la libertad”; y Dios va obrar en tu persona. Es sorprenderte cómo el mundo se ve mejor cuando tu persona es puesta en orden en la forma correcta. En esta serie hablaremos de cómo manejar y cómo vencer las heridas en tu vida, los hábitos que están destruyendo tu vida y los complejos que han causado dolor en tu vida.

El versículo electo como tema en nuestra campaña “Viviendo la libertad” es Isaías 57:18, Dios hablando: “He visto cómo han actuado pero los sanaré, les guiaré y consolaré a los que lloran. Ofrezco paz a todos los que están cerca y a los que están lejos.” Esta es una gran promesa de Dios. Nota que hay cinco áreas importantes para iniciar un camino hacia la libertad.

Primero, si has sido herido, Dios dice: “Quiero sanarte.”

Si estás confundido, “Quiero guiarte.”

Si alguna vez te has sentido sin ayuda para cambiar algo, “Deseo ayudarte a cambiar eso.”

Si alguna vez te has sentido que nadie entiende tu problema, “Quiero consolarte.”

Si te sientes ansioso, preocupado y temeroso, “Quiero ofrecerte paz.”

El hecho es que la vida es difícil. Vivimos en un mundo imperfecto. Somos dañados por otros y nos herimos a nosotros mismos y herimos a los demás. La Biblia dice, “Todos hemos pecado.” Eso significa que ninguno de nosotros es perfecto, todos nos hemos equivocado, todos hemos cometido errores. Dañamos y dañamos a otros.

Esta campaña es para todos. Todos en este lugar necesitamos vivir libres de las heridas, al menos que hayas vivido una vida perfecta y saludable. Pero si no has vivido una vida perfecta, si has sido herido, si has cometido algo malo, necesitas recuperación, necesitas libertad de lo que te oprime.

¿DE QUE NECESITAS SER LIBRE?

La buena noticia es esta: a pesar del problema que te encuentras, ya sea emocional, financiero, relacional, espiritual, sexual o lo que sea, a pesar de eso de lo que necesitas recuperación, los pasos para ser libre son siempre los mismos. Los principios para vivir una vida plena y libre se encuentran en la Biblia. Jesús dijo antes de irse, Juan 8:32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Es la guía original de la libertad. En 1935 un par de muchachos formularon, basados en las Escrituras, los que hoy son conocidos como los clásicos 12 Pasos de los Alcohólicos Anónimos y hoy en día son usados en cientos de otros grupos de recuperación y miles de hombres y mujeres recuperándose. La base de la recuperación y de la libertad es la Palabra de Dios. Estudiaremos los principios de la libertad en base a la Palabra de Dios para que tú los asumas y empieces a experimentar la verdadera libertad.

El primer paso a la Libertad es RECONOCER.

Reconozco y Comprendo que no soy Dios. Admito que soy incapaz de controlar mi tendencia hacer lo malo y que mi vida es inmanejable.

¿Te quedas despierto hasta tarde cuando sabes que necesitas dormir?

¿Comes o bebes más calorías que lo que tu cuerpo necesitas?

¿Sientes que debes hacer ejercicio pero no lo haces?

¿Conoces lo correcto pero no lo haces?

¿Sabes que algo está malo pero de todas formas lo haces?

¿Te has dado cuenta alguna vez que no debes ser egoísta pero por lo contrario eres egoísta?

¿Has intentado alguna vez de controlar a alguien o algo y te has dado cuenta que tú mismo eras incontrolable?

Si tu respuesta es “Sí” a cualquiera de estas preguntas, bienvenido a la carrera humana. Todos necesitamos ser libres de esto que te oprime y no te deja vivir en armonía.

I. LA CAUSA DE MI PROBLEMA: MI NATURALEZA PECAMINOSA

Mi naturaleza de pecado me lleva a toda clase de problemas. Hago cosas que no son buenas para mí. Las hago aún cuando son autodestructivas y no hago cosas que son buenas para mí. Contesto de la manera incorrecta cuando soy herido y solamente aumenta el daño, en lugar de disminuirlo. Reacciono en la manera incorrecta con las personas. Las trato de la manera equivocada y luego me afecta a mí, cuando sé que no va a funcionar. Intento resolver problemas y a menudo cuando los arreglo se vuelven peor de lo que estaban cuando comencé. Proverbios 14:12 dice A algunos su camino les parece recto, pero al final del camino está la muerte.

Siempre vas a tener esta naturaleza pecaminosa contigo, este deseo de hacer lo malo. Por esta razón necesitas experimentar la verdadera libertad, necesitas ser libre de esto. Todos tus problemas lo vas a tener contigo hasta que llegues a la presencia de Dios donde se respira la libertad. Y aun cuando seas cristiano, todavía tendrás deseos que te lleven hacia el mal porque necesitas experimentar la vida en libertad de manera plena. Pablo entendió esto. En Romanos 7:15 él dijo, “No me entiendo para nada. Porque realmente quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Hago lo que no quiero hacer y lo que odio. Sé perfectamente bien que lo que estoy haciendo es incorrecto, pero no lo puedo evitar. Es el pecado que está dentro de mí que es más fuerte que yo, el que me hace hacer cosas malas. ¿Les suena familiar estas palabras? Termino haciendo lo que no quiero hacer y termino no haciendo lo que quiero hacer.

El primer paso para la libertad es que debes entender la causa de este problema. ¿Por qué sucede esto en mi vida? Necesitas entender la causa de esto, luego las consecuencias del problema, y luego la cura.

¿Cuál es la causa de mi problema? La causa de todos tus problemas es esta – “Quiero ser Dios”. ¿Te gustaría decidir lo que es bueno y lo que es malo? Dices: “No quiero que nadie me diga o lo que es bueno y lo que es malo, quiero ser libre para decidir lo que es bueno y lo malo. Quiero hacer lo que yo quiero, quiero hacer mis propias reglas. Me quiero poner en el centro del universo. Quiero ser mi propio jefe, vivir a mi manera. No quiero que nadie me diga qué hacer con mi vida.” Eso no es libertad, se llama jugar a ser Dios. Lo que dices es: “Quiero controlar.” Y entre más inseguro seas, más te propones controlar. Entre más inseguro seas, deseas controlarte a ti mismo, controlar a otras personas, controlar tu ambiente. Eres llevado a hacer esto. Y eso se llama jugar a ser Dios.

Este es el problema más antiguo del hombre. Aún Adán y Eva lo tuvieron. Dios los puso en el Paraíso y vivían en verdadera libertad, pero después la perdieron cuando trataron de controlar el Paraíso. Dios dijo: “Pueden hacer todo lo que quieran en todo este Paraíso excepto una sola cosa – No coman de este árbol.” ¿Qué hicieron ellos? Fueron directamente hacia ese árbol. Lo único en el Paraíso a lo que Dios le había puesto límites. Satanás dijo, “Come este fruto y serán dioses.” Ese ha sido el problema desde el principio. Quiero ser Dios. Quiero tomar las decisiones yo mismo. Quiero vivir mi propia vida y mi libertad sin Dios.

Queremos estar en control. ¿Cómo jugamos a ser Dios? Negando nuestra humanidad y tratando de controlar todo por razones egoístas. Quiero ser el centro del universo. Quiero tener el control, donde pueda controlarme a mí mismo, a otras personas, y todo lo que está a mí alrededor.

¿CÓMO JUGAMNOS A SER DIOS?

1. Tratamos de controlar nuestra imagen. Deseas controlar lo que otros piensan de ti. No quieres que otras personas te conozcan realmente como eres. Jugamos, usamos mascaras, pretendemos ser otros, somos falsos, queremos que la gente vea ciertos aspectos de nosotros y escondemos otras partes, y negamos nuestras debilidades y nuestros sentimientos (“No estoy molesto, No estoy disgustado, No estoy preocupado, No estoy asustado”), no vives en libertad. No queremos que las personas vean nuestro verdadero yo. ¿Por qué tengo miedo de decirte quién soy? La respuesta es: Si te digo quien realmente soy y no te gusta, mala suerte para mí porque soy todo lo que tengo. Por lo que tratamos de esconder y controlar nuestra imagen.

2. Tratamos de controlar a otras personas. Los padres tratan de controlar a sus hijos; los hijos tratan de controlar a sus padres. Las esposas tratan de controlar a sus esposos; los esposos tratan de controlar a sus esposas. Las personas tratan de controlar a otras personas. Los países tratan de controlar otros países. Usamos muchas estrategias para manipularnos unos a otros. Usamos la culpa para controlar, usamos el temor, usamos alabanza, algunos usan el látigo del silencio para controlar, enojo, ira. Tratamos de controlar a las personas.

3. Tratamos de controlar nuestros problemas. Somos buenos para esto. Usamos frases como: “Lo puedo manejar, realmente no es un problema.” Eso es tratar de jugar a ser Dios. “Puedo manejarlo, estoy bien.” Controlamos nuestros problemas: no necesito ayuda y realmente no necesito consejo. Tratamos de controlar nuestros problemas: Puedo dejarlo en cualquier momento, Lo haré a mi manera. Entre más trate de arreglar su problema por sí mismo, peor se vuelve el problema.

4. Tratamos de controlar nuestro dolor. ¿Has pensado alguna vez cuánto tiempo desperdicias huyendo del dolor? Tratando de evitarlo, negarlo, reduciéndolo, posponiéndolo, escapando. La gente trata de posponerlo de diferentes maneras. Algunas veces tratamos de posponerlo comiendo o no comiendo. Tratamos de posponerlo tomando o fumando o consumiendo drogas, involucrándonos en una y otra relación. “Esta relación es lo que verdaderamente necesito sentir, completa y significante.” Y entonces inicias esa relación – “Oh, no era esa” y termina esa relación. Es una relación tras la otra. O desarrollas algún tipo de hábito compulsivo para tratar de controlar tu dolor. O te vuelves abusivo y te enojas con otras personas o te vuelves crítico o prejuicioso para esconder tu dolor. O te deprimes. Hay muchas, muchas formas de tratar de controlar nuestro dolor.

El dolor viene cuando nos damos cuenta, en nuestros tiempos a solas, que no somos Dios y que no podemos controlar nada y eso nos atemoriza. Ese es el primer paso hacia la libertad. No vas a mejorar por ti mismo, afróntalo. No lo niegues.

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE JUGAR A SER DIOS?

Cuatro problemas que siempre suceden cuando tratamos de jugar a ser Dios:

1. Temor. Cuando trato de controlar todo me atemorizo. Adán dijo, “Tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí.” Nos atemoriza el que alguien descubra quienes somos realmente, que somos falsos, farsantes, realmente no tenemos el control, que no somos perfectos. Por lo que no permito que nadie se acerque realmente a mí porque descubrirán que interiormente estoy asustado. Y por lo tanto que lo disfrazamos y pretendemos que no es real, llenamos nuestras vidas con temor, atemorizados que alguien nos va a rechazar, que no nos amarán, o que no les seremos simpáticos porque no saben realmente lo que somos. Solo les gusta una imagen de mí. Si supieran realmente como era, no les gustaría. Así que me resiento por eso. Y somos llenos de temor cuando tratamos de jugar a ser Dios.

2. Frustración. Es frustrante tratar de ser Dios. Me gusta jugar con el juego del mazo donde salen los hipopotamitos para golpearlos. En el momento que golpeas a una, otra sale. Es frustrante porque cada vez que tratar de golpear un a otra se levanta y golpea esa y otra sale... Así es la vida. Terminamos con una compulsión y otra sale a flote. Terminamos con un problema y otro aparece. Terminamos con una relación conflictiva y aparece otra. Es tan frustrante porque no puedes terminar al mismo tiempo con todas. Caminas pretendiendo ser Dios – Soy poderoso, puedo manejarlo. Si es tan poderoso porque no simplemente termina con todo. Frustración.

3. Fatiga. Es cansado jugar a ser Dios. Tratar de controlar todo, pretendiendo que todo está bien, negar algo lleva mucha energía. En Salmos 32:3 David dice: “Mi fuerza se evaporó como el agua en un día soleado hasta que finalmente admití todos mis pecados y deje de esconderlos.” La mayoría de las personas tratan de esconder su dolor y huyen de él manteniéndose ocupados porque pensamos “No me gusta cómo me siento cuando me deprimo. No me gusta lo que viene a mi mente cuando pongo mi cabeza sobre mi almohada y no me gustan esos sentimientos y lo que escucho por lo que me mantengo ocupado.” Huyes del dolor al estar constantemente en el ir, trabajas hasta el cansancio. O te involucras en algún pasatiempo o algún deporte y se vuelve algo compulsivo. O te puedes aún involucrar en actividades religiosas, en la actividad de la iglesia puedes esconder tu dolor. Esperas que cansarte tanto que cuando te acuestes y pongas tu cabeza sobre su almohada, estarás tan fatigado, que te dormirás y no tendrás que escuchar tu dolor. Si estás en un estado constante de fatiga, siempre agotado, pregúntate, “¿De qué dolor estoy huyendo? ¿Qué problema no quiero afrontar que me motiva y me conduce a trabajar y trabajar para estar en este estado constante de fatiga?”

4. Fracaso. Cuando tratas de jugar a ser Dios, esa es una descripción del trabajo en el que se garantiza que terminará. Proverbios 28:13 “Nunca tendrás éxito en la vida si tratas de esconder tus pecados. Confiésalos. Entrégalos. Entonces Dios mostrará su misericordia sobre ti.” Necesitas ser honesto y aceptar tu debilidad y tus faltas y fracasos.

II. LA CURA

El primer paso en el camino a la libertad es admitir mi incapacidad. La Biblia dice que al admitir mi debilidad encuentro fortaleza. Este es el primer paso esencial para iniciar la vida en libertad. Admite que eres incapaz de hacerlo por ti mismo. Necesitas a otras personas y necesita a Dios. Admitir que no soy Dios significa que reconozco tres hechos importantes de la vida. La madurez viene cuando reconozco estos tres hechos de la vida:

1. Admito que soy incapaz de cambiar mi pasado. Duele, todavía lo recuerdo, pero todo el resentimiento en el mundo no lo vas a cambiar. Soy incapaz de cambiar mi pasado.

2. Admito que soy incapaz de controlar a otras personas. Trato, me gusta manipularlos, utilizo toda clase de pequeños trucos, pero no funciona. Soy responsable de mis acciones, no de las de otros. No puedo controlar a otras personas.

3. Admito que no soy capaz de hacer frente a mis hábitos, comportamientos, y acciones dañinos. Las buenas intenciones no son suficientes. Cuantas veces has intentado y has fracasado. La fuerza de voluntad no es suficiente. Necesitas algo más que fuerza de voluntad. Necesitas a Dios, porque El te hizo para necesitarle, sólo así serás libre.

Santiago 4:6 – Dios se opone a los orgullosos, pero trata con amor a los humildes.” Gracia es el poder para cambiar. Gracia es el poder que Dios me da para hacer los cambios en mi vida que quiero hacer y que El desea que haga – el poder para cambiar. Y para que te recuperes de las heridas, complejos y problemas en tu vida, necesitas la gracia de Dios. ¿Cómo la obtengo? Solamente de una forma. El se la da al humilde.

¿Qué cambios necesitas en tu vida? ¿Qué herida o hábito has estado tratando de ignorar? Para muchos de ustedes este paso será el más difícil. Me alegra que sea el número uno, porque cuando termines este paso, pasa la dificultad, y esa es solamente admitir, “tengo un problema, tengo una necesidad, tengo una herida.” Es difícil para muchos de nosotros admitir eso porque es humillante. Pero significa ser honesto y afrontar un problema que has querido ignorar por mucho tiempo.

Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón.

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