Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

LOS PRINCIPIOS DE LA REFORMA PROTESTANTE DEL S. XVI

Comenzamos una serie de temas en conmemoración a la Reforma Protestante del siglo XVI para que sepamos porqué somos una iglesia reformada. Debemos conocer nuestros orígenes, para saber quiénes somos y qué identidad tenemos. Nuestra iglesia es presbiteriana y su origen está en la reforma protestante.

La reforma protestante fue un movimiento universal y no únicamente en el ámbito religioso, fue en todos los ámbitos: cultural, intelectual, económico, político, entre otros. La historia universal lo llama el Renacimiento. Fue un movimiento de gran trascendencia que gracias a ellos, el mundo dio un gran salto para el progreso y la modernidad. Pero lo más importante fue el movimiento espiritual que trascendió a un cambio radical del cristianismo, significó el salir de la oscuridad y de la ignorancia. Lo que dio validez a la reforma protestante, fue la Biblia. Por tanto la Reforma Protestante fue un regreso a la Biblia.

Las personas ignoraban las Escrituras, no conocían la Biblia porque estaba escrita en Latín y no estaba traducida al idioma de las demás personas. Incluso, la mayoría de los religiosos también la ignoraban o nunca la había leído. El Papa era el único que había leído la Biblia y el único autorizado para interpretarla. La ignorancia a la Palabra ocasionó diversos problemas, desvíos o corrupciones al interior de la iglesia y en el mundo entero. La ignorancia de la Biblia hizo que la gente se guiara por mitos, tradiciones y reglas rígidas que violaban los derechos de los demás. El mundo era un caos. Mira lo que dice la Palabra de Dios, Oseas 4:6 Pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido.

Efectivamente el mundo estaba perdido en su ignorancia y falta de conocimiento de la Palabra con las siguientes evidencias:

· Aumento de la adoración a los santos.

· Venta del perdón de pecados para asegurar el cielo.

· Riqueza excesiva de los clérigos.

"Post tenebras lux", después de las tinieblas la luz. Esta inscripción se ostentaba en los portales de las ciudades que se habían beneficiado de los edificantes efectos espirituales de la Reforma. Las verdades bíblicas fundamentales que volvieron a brillar e impulsar a los reformadores hacia un retorno al corazón mismo del Evangelio, se sintetizaron en lo que se llama los principios de la Reforma. Estos principios fueron expresados en cinco lemas latinas: Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus y Soli Deo Gloria.

1. Sola Scriptura (Sola la Escritura)

Esta consigna de la Reforma restauró y afirmaba la suprema suficiencia de la Escritura. En ella se encuentra todo lo que se debe creer y hacer para agradar a Dios. El canon está completo; no hay más revelación divina y autoritativa que la Escritura.

Como la única autoridad absoluta de la Iglesia, la Escritura está por encima de los pronunciamientos papales y concilios y de las tradiciones eclesiales. Ella es la infalible Palabra de Dios, la cual guía al creyente y ejercer autoridad sobre su conciencia; ella es la única regla de fe y práctica y el único juez de la enseñanza de la Iglesia. Tampoco son autoritativos las impresiones místicas y los sentimientos que surgen del corazón del hombre.

En oposición a la enseñanza de que la Escritura sólo podía ser comunicada mediante los papas, los concilios y los sacerdotes, los reformadores sostuvieron que el Dios vivo habla a su pueblo directamente y con autoridad por medio de la Escritura.

2 Timoteo 3:16- 17. Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien.

2. Sola Gratia (Solo la Gracia)

Por este principio se declara que la salvación es sólo por la gracia de Dios, es decir, por un don inmerecido que Dios da gratuitamente al pecador quien está destituido de la gloria de Dios, y quien, por naturaleza, es merecedor de la condenación.

Los reformadores rechazaron la noción Católica-romana que consideraba la “gracia” como una virtud que operaba capacitando al pecador a fin de que él pudiera producir obras meritorias las cuales le recomendaban al favor de Dios haciéndole merecedor de la salvación. Este principio asevera que la gracia salvadora no procede de las obras que pretenden ganar el favor de Dios, sino que la gracia es el favor inmerecido de Dios hacia el hombre en su estado de pecado y enemistad.

Dios salva a los pecadores por razones que se encuentran en sí mismo; la causa nunca es la obra o la fe del hombre. Dios no tiene la obligación de salvar a nadie. Si la justicia de Dios le obligara a dar gracia a toda persona, entonces no sería un don, sino un acto de justicia; si uno pudiera merecer la gracia, ya dejaría de ser gracia, sería mérito.

El pecador contrito y humillado que acude a Dios despojado de todo esfuerzo y mérito humano, es justificado gratuitamente por Dios en virtud de los meritos del sacrificio de Cristo y de su justicia que le es imputada.

Efesios 2:8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios.

3. Sola Fide (Solo la Fe)

Es una equivocación entender la naturaleza de la fe meramente como un asentimiento a doctrinas. Con respecto al papel que juega la fe en la salvación, la Iglesia Católica-romana enseña que la fe sin buenas obras no puede salvar. Es decir, la justificación del pecador es el resultado de la fe más obras meritorias.

Pero, según la Escritura, la salvación es mediante la sola fe. La fe en sí misma es un don de Dios. Este principio de la Reforma resalta la verdad bíblica que el pecador es declarado justo únicamente por la fe en la justicia de Cristo Jesús, y no como consecuencia de su fe más sus obras. Por la fe, la justicia de Cristo es imputada al pecador. La fe es el instrumento por el cual el pecador recibe, es decir, toma para sí, la justicia de Cristo, por la cual es declarado justo.

Aunque el pecador es justificado solamente por la fe en Cristo, dicha fe no existe sola, sino que es acompañada de las demás gracias cristianas que producen buenas obras.

Romanos 3:28 Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.

4. Solus Christus (Solo Cristo)

La fe no es la causa de la salvación. La base sobre la cual el pecador es salvo y justificado es sólo la perfecta justicia de Cristo Jesús. La salvación de Dios es por la gracia mediante la fe en Cristo por causa de Cristo solo.

En el sistema católico romano, el fundamento de la justificación del pecador es su justicia inherente, la cual es infundida y no imputada. Pero, la Escritura afirma que el pecador es salvo y aceptado por Dios por una justicia ajena, no la del pecador que está siendo santificado, sino por la justicia de Cristo solo.

El pecador es aceptado por Dios única y totalmente por causa de los méritos de Cristo. Sólo Cristo satisfizo la justicia divina. Sólo Cristo se ofreció a sí mismo como sacrificio sustitutivo para morir en la cruz en lugar de pecadores. Solamente Cristo pagó completamente por los pecados. Al confiar en la justicia y obra de Cristo solo, toda otra justicia es rechazada como base y causa de salvación.

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: “Maldito todo el que es colgado de un madero."*

Gálatas 3:13-14 Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa.

5. Soli Deo Gloria (Solo a Dios la Gloria)

Solamente Dios ha de recibir la gloria y el crédito por la salvación que El ha provisto en Cristo. No hemos aportado nada a nuestra salvación. Su propósito en la salvación gratuita de su pueblo es el de magnificar la gloria de su propio nombre, a fin de que su pueblo cante sus alabanzas, refleje su santo carácter en la vida y que se ocupe en llamar a las naciones a doblar sus rodillas delante del único Dios y Salvador.

Deuteronomio 5:24 El Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su majestad, y hemos oído su voz que salía del fuego. Hoy hemos visto que un simple *mortal puede seguir con vida aunque Dios hable con él.

FUNCIÓN PROFÉTICA DE LA REFORMA EN NUESTROS TIEMPOS

ROMANOS 13

Es muy lamentable la participación de algunos evangélicos en el ámbito de la política, donde han manifestado hambre y sed de conquistar el poder con las mismas armas mezquinas que usan la mayoría de los que están en esta carrera. Es triste y lamentable que por alcanzar una migaja están dispuestos a acomodarse a la corriente y filosofía política partidista que siempre es tramposa y ladina. Por otro lado, encontramos grupos evangélicos apolíticos, los que todavía están pensando que son cosas del diablo y que por tanto no deberíamos meternos; esto cierra la posibilidad de analizar la realidad en que vivimos y genera un espíritu de escapismo queriendo permanecer en el cielo donde se piensa que es nuestro destino final.

Por otro lado, la realidad social, económica y política, es todavía más crítica y lamentable en nuestros tiempos, como dice el dicho, nos llueve sobre mojado. En ninguna década, se había visto tanto golpe a la economía del pueblo, al despojo y a la rapiña que se han caracterizado los que deciden por el futuro de las mayorías. En realidad no ha sido el golpe duro al narcotráfico y delincuencia, como se maneja en los medios, sino un golpe inicuo sin misericordia al salario, la canasta básica y a la energía de consumo.

La aprobación de los nuevos impuestos y el golpe al sindicalismo, no queda más que preguntarse, cómo se disparará las barras de la pobreza en nuestro país; según datos oficiales del Coneval, la pobreza en México aumentó de 42.6 a 47.4 por ciento de la población entre 2006 y 2008 y la miseria de 13.8 a 18.2 por ciento; cuánto más incrementará. Esto sin contar que hay cerca de medio millón de empleos que se perdieron entre los mexicanos.

Las condiciones que vivimos hoy, no son muy diferentes a la que los primeros cristianos se enfrentaron en el primer siglo en la evangelización, y no muy diferentes a las que resistieron los primeros reformadores. Los modelos económicos han evolucionado con el tiempo, pero lo que permanece es el egoísmo y explotación, de parte de una minoría contra las masas oprimidas. Los reformadores tuvieron que enfrentar sus mismas luchas y crisis del momento, su participación siempre fue producto de la reflexión teológica en la Palabra, la que nos ilumina para una praxis, como pueblo de Dios y miembros de un Reino que se hace presente. Cuál fue la aportación de los reformadores, en especial Calvino frente a los desafíos de su época, que nos iluminará para asumir el desafío de nuestro tiempo como iglesias reformadas.

LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO EN CALVINO

Si algo debemos reafirmar como producto del estudio de la vida y obra de Calvino a 550 años de su nacimiento, es que nuestro gran reformador no sólo estaba bien preparado en cuestiones de Biblia y Teología, también otros rubros como la economía y política, de muchas maneras se ve su profundo interés sobre el problema del gobierno de su época.
Al leer la introducción de la “Institución a la Religión Cristiana” de Juan Calvino, en la carta dedicatoria “al cristianismo rey de Francia” (Francisco I), se hace una defensa de los protestantes franceses contra los cargos de herejía y sedición. Desde aquí ya expone Calvino las ideas fundamentales respecto de los deberes que atañen a los gobernantes. El rey debe considerarse “ministro de Dios” encargado de dar gloria al señor mediante su oficio, y hago por la palabra de Dios y bajo el Señorío de Cristo. Dice Calvino:
Pero vuestro ofizio será oh Rei clementísimo, no apartar vuestras orejas, ni vuestro corazón de la defensa de una causa tan justa: principalmente siendo el negozio de tanta importancia: conviene á saber, como la gloria de Dios será mantenida sobre la tierra, como la verdad de Dios retendrá su dignidad, como el reino de Cristo permanecerá en su perfección i ser. Cosa de cierto digna de vuestras orejas, digna de vuestra judicatura, digna de vuestro trono real. Porque el pensar esto haze á uno verdadero Rei: si el reconoce ser verdadero ministro de Dios en el gobierno de su reino: i por el contrario, aquel que no reina para este fin, de servir á la gloria de Dios, este tal no es Rei sino salteador. I engáñase cualquiera que espera luenga prosperidad en reino que no es rejido con el zeptro de Dios: quiero decir, con su santa palabra [sic].
Según en una conferencia dictada por el Dr. Salatiel Palomino, dice que esta introducción Calvino amonesta al orgulloso monarca, denuncia las “mentiras, internos y calumnias” de los adversarios; pero sutilmente por implicación, involucra al rey en el cargo de “exterminio” el gobierno de Francia había ya instituido. Así muestra Calvino que todos los gobernantes están sujetos a la crítica desde el punto de vista de la Escritura.
En su discusión sobre la libertad cristiana (Inst., III. xix), Calvino introduce la cuestión de nuestra obligación respecto de la autoridad política, ya que al haber sido liberada nuestra conciencia mediante la fe, podríamos caer en el error, con el caso de los anabaptistas más extremistas, denegar o desconocer esta obligación.
Aquí es que se encuentra la delicada e importante distinción de la doble jurisdicción a que está sujeta la persona.

También dice Calvino que el ser humano tiene dos papeles en el mundo: un espiritual, mediante el cual se instruye la conciencia en la piedad y el culto de Dios; el otro político, por el cual el hombre es instruido en sus obligaciones inherentes de humanidad y educación que deben presidir las relaciones humanas (III, xix, 15). Con esto Calvino mantiene en principio la separación entre iglesia y estado al mismo tiempo que salvaguarda la obligación civil de los cristianos.

Es necesario mantener la distinción formal entre el espiritual y lo político, por el otro lado en la práctica ambas esferas, se refuerza las ayudas mutuamente. El Estado no tiene derecho a dictar leyes a la iglesia, pero está obligado a protegerla. La religión a su vez, no teniendo como garantizar el orden moral en mundo, recurre al brazo armado del magistrado para ejercer la disciplina y mantener la calidad ética de la existencia social. Esta alianza Estado-Iglesia, propia de la herencia ligada por la cristiandad medieval, Calvino ha sido fuertemente criticado y no sin razón.

  1. El Rol del Estado frente a la Iglesia.

Juan Calvino en la Institución describe el deber del Estado frente a los cristianos en general: Promover el cumplimiento de las dos tablas de la Ley (Diez Mandamientos), guardando el honor debido a Dios y ejerciendo el juicio y la justicia en la defensa de los débiles, pobres y agraviados, sin distinción de personas. Calvino dice: “En cuanto a la segunda tabla, Jeremías amonesta a los reyes que hagan juicio y justicia, que liberen al oprimido de mano del opresor; que no engañen ni roben al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derramen sangre inocente” (IV, xx, 9).

El deber de los gobernantes es proteger y conservar la tranquilidad, honestidad, inocencia y modestia públicas (Comentario a los Romanos) y que deben de mantener la salud y la paz común. Los gobernantes deben evitar el soborno, defender al justo, auxiliar al oprimido, reivindicar al inocente y determinar castigos y recompensas con justicia. El mandato divino "no matarás" no dirá la justicia divina de la que son ejecutores; pero no debe usar de civilidad innecesaria (IV. xx. 10).

En Jeremías dice en un par de versículos dice: Adviértele a la dinastía de David que así dice el Señor: »“Hagan justicia cada mañana, y libren al explotado del poder del opresor, no sea que mi ira se encienda como un fuego y arda sin que nadie pueda extinguirla, a causa de la maldad de sus acciones (21:12). Así dice el Señor: ‘Practiquen el derecho y la justicia. Libren al oprimido del poder del opresor. No maltraten ni hagan violencia al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derramen sangre inocente en este lugar (22:3).

El sistema político debe hacer juicio y justicia. Justicia es recoger a los inocentes bajo su amparo, protegerlos, defenderlos, sostenerlos y liberarlos. El juicio es resistir al atrevimiento de los malvados, reprimir sus violentas y castigar sus delitos. Para que el Estado pueda cumplir esto, Calvino se pronuncia a favor de:

  1. La legitimidad de la pena de muerte.
  2. La legitimidad de las guerras justas contra la soberanía estatal.
  3. El buen uso de las tasas y los impuestos en beneficio de la necesidad público.
  4. El perdón de deudas a los más pobres del país.
  1. El rol de la Iglesia frente al Estado:

La sumisión de obediencia a la protesta civil, según Calvino, implica la no resistencia del C. ante la autoridad, porque el que se pone a la autoridad, a Dios mismo resiste (Ro. 13:1,2); todavía más, los particulares no deben "censurar temerariamente lo que hace el magistrado" (III. xx. 23). Es necesario agregar que el reformador abre una posibilidad para la oposición y la resistencia legítimas frente al poder civil. Se trata de la resistencia a un gobernante que ha usurpado el poder de Dios. Cuando los gobernantes han ido más allá de este límite, entonces "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 5:29). Pero el derecho de resistir no queda en manos de los particulares, sino de los magistrados menores, quienes no deberían faltar a su sagrado de defender la libertad del pueblo.
Su visión política, por ello, fue ilustrada, su actitud sobria y civilizante, su tendencia conservadora innata pero providencialmente mezclada con la orientación revolucionaria dictada por las demandas del evangelio de la gracia recién recuperado por la reforma. Las funciones de la iglesia son:

  1. Honrar y respetar a las autoridades. Tener estima a sus autoridades reconociéndolas como algo puesto por Dios.
  2. Permanecer sometida a la providencia y al poder de Dios representados en los gobernantes. Dentro de la justicia, la vocación del Estado no es diferente a la de un siervo de Dios.
  3. Orar por todas las autoridades, las buenas y malas. Calvino dice que debemos orar por los que no lo merecen, con el fin de que Dios cambie a los hombres malos en hombres buenos.
  4. Advertir a los gobernantes acerca de sus deberes y obligaciones. Se debe reconocer que se desvía a la voluntad de Dios.

HACIA UNA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DE LA IGLESIA

  1. La tarea profética de la Iglesia (Salmo 82).

El profeta en el Salmo 82 enseña que los gobernantes son nombrados para ser defensores de los que sufren y son oprimidos. Dios se alza en la asamblea divina y dicta sentencia en medio de los dioses: "¿Hasta cuándo harán ustedes juicios falsos y se pondrán de parte de los malvados? ¡Hagan justicia al débil y al huérfano! ¡Hagan justicia al pobre y al necesitado! ¡Libren a los débiles y pobres, y defiéndanlos de los malvados! "Pero ustedes no saben, no entienden; andan en la oscuridad. Tiemblan los cimientos de la tierra. Yo dije que ustedes son dioses; que todos son hijos del Altísimo. Sin embargo, morirán como todo hombre, ¡caerán como cualquier tirano!" ¡Oh Dios, disponte a juzgar la tierra, pues tú eres el dueño de todas las naciones!

El propósito por el cual el Estado lleva la espada es restringir a los malos y prevenir la violencia entre los gobernados. Los gobernantes son culpables de negligencia ante Dios sino ayudan a los que necesitan de su cuidado. Los profetas del A.T. desarrollaron toda una labor de denuncia contra la práctica opresora y de la injusticia de los reyes y príncipes de Israel y otras naciones. Jesucristo también, ejerció la tarea profética en denuncia las estructuras de muerte del imperio romano y de los profesionales de la religión, que oprimían y esclavizaban a las multitudes.

De esta forma la iglesia es una comunidad profética que habla en el nombre de Cristo, el deber de la iglesia, como lo enseña Calvino, es: reclamar del gobierno civil el fiel cumplimiento de su vocación, juicio a los malvados, corruptos, genocidas, defraudadores, etc. La iglesia debe denunciar la violencia en las calles, es las instituciones, y la impunidad de los que hacen el mal y son protegidos.

  1. Propuesta de una nueva ética política (Romanos 13:8-10).

Por eso, los que viven obedeciendo sus malos deseos no pueden agradarlo. Pero, si el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos, sino obedecer al Espíritu de Dios. El que no tiene al Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Por culpa del pecado, sus cuerpos tienen que morir. Pero si Cristo vive en ustedes, también el espíritu de ustedes vivirá, porque Dios los habrá declarado inocentes.

La misión de la iglesia es ejercer una influencia y proponer alternativas, para un cambio radical en las estructuras de muerte. Somos llamados a ser luz y sal de la tierra, a dar testimonio de un nuevo orden creado a la imagen de Cristo. El reino de Dios nos demanda a establecer una ética social que dignifique a la sociedad y humanice a las instituciones, a través de los siguientes valores:

  1. El amor, como esencia de toda elaboración y práctica de leyes, que defienden los derechos más fundamentales del ser humano, como la vida, salud, vivienda, vestido y recreación.
  2. La paz, como mediadora de los conflictos sociales, institucionales, a través de la reconciliación.
  3. La justicia, como el principio rector para toda elaboración de sistemas económicos que benefician el desarrollo de los más débiles y desprotegidos. Por lo que rechazamos todo el modelo económico que produzca riqueza en unos pocos y pobreza en la mayoría.
  4. La solidaridad, como el espíritu que elimina la exclusión de mujeres, niños, ancianos, discapacitados, indígenas, enfermos de influenza para crear una comunidad social amplia, donde todos y todas tengan un espacio digno.

12. UN EJEMPLO DEL PODER DE LA FE

Bienvenidos al último mensaje de la serie “El Poder de la Fe”, sin duda, Dios ha hechos cambios importantes en tu vida porque la fe te hace ver el mundo diferente, te da un nuevo significado de vida y una nueva esperanza para vivir mejor con un alto grado de confianza.

Dios nos permitió conocer mucho de su Palabra para activar la fe que él ha puesto en nuestra vida. Los temas fueron diversos, se logró que cada una de las áreas de tu vida fuera explorada y confrontada con el poder de la fe. Los temas fueron los siguientes:

El testimonio de la fe

La fe como don

La decisión de creer

La provisión de sanidad

Existen los milagros

La esperanza en el sufrimiento

La fe salvadora

Cómo hablar el lenguaje de la fe

Vidas restauradas

La prosperidad espiritual

El poder de la oración

El último tema de esta serie, está enfocado a la vida de Abraham, de hecho, el primer tema exploramos un poco de su testimonio, y ahora terminamos nuevamente con su testimonio. Abraham es considerado padre de la fe de todos los creyentes. Los judíos y los árabes se sienten orgullos porque se consideran descendientes de él, pero la Biblia nos enseña que en realidad los hijos de Dios redimidos por Jesucristo, somos hijos espirituales de Abraham, porque su vida fue un verdadero testimonio de fe, que inspira al cristiano a ser aventurero en la vida espiritual. Por supuesto, no fue un hombre perfecto, pero cada episodio de su vida es una enseñanza de fe, aún los errores, son parte del peregrinaje de la fe.

Qué dice la Biblia acerca de Abraham, lo primero que enseña es que es considerado indudablemente como «el padre de la fe» Romanos 4:11 Es más, cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la fe. Por tanto, Abraham es padre de todos los que creen, aunque no hayan sido circuncidados, y a éstos se les toma en cuenta su fe como justicia. Entonces, es considerado padre de los creyentes en Cristo (los que no son circuncidados). Es a quien Dios prometió: «Y serás padre de muchedumbre de gentes» (Génesis 17:4); cuando Pablo escribe a los Gálatas, señala que todo el que cree en Jesucristo se ha convertido en descendencia de Abraham Gálatas 3:29 Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa. Como personas de fe, nos hemos convertido en miembros de la casa de Abraham (Romanos 4:13), así que las promesas que se hicieron para la descendencia de Abraham se aplican a nuestras vidas de fe (Romanos 4:16; Gálatas 3:16).

Existen dos secciones de la Escritura que debemos estudiar cuando examinamos el poder de la fe de Abraham: Primero, la narración histórica de su vida comenzó con la conclusión de la genealogía en  Génesis 11:27–32. Hasta que Dios le dio el nombre Abraham, se le conocía por Abram (Génesis 17:5); el relato bíblico de la vida de Abraham concluye más adelante, en Génesis 25:11.

La segunda sección de las Escrituras que tratan con la vida de Abraham, aunque en perspectiva histórica, establece una proposición teológica. Esa sección se encuentra en Romanos 4. En los evangelios, Abraham aparece a menudo como el padre de la fe, y Pablo utiliza el ejemplo de su vida para enseñar eficazmente a los Gálatas. Sin embargo, la sección que mejor define el papel de Abraham en los asuntos de fe se ubica en la carta de Pablo a los Romanos.

Seguir la vida de Abraham significa trazar una jornada de fe que merece ser vista como un modelo para todo creyente. El seguir su vida, nos ofrece un testimonio ejemplar de fe, su peregrinaje nos da pauta para entender el poder de la fe. El viaje de 2.400 km de Abraham estaba alimentado por la fe.

  1. La fe te lleva al desarraigo.

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:8–10). Abram deja Harán para dirigirse a Canaán por causa de la palabra del Señor Génesis 12.1–3. El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!»

Una vida de fe requiere (1) que respondamos a una promesa y (2) que al salir abandonemos algo. En el caso de Abram, vemos que fue enviado a una tierra hasta ese momento no identificada. Aunque no tenía idea a dónde lo llevaría su decisión de fe, sabía que debía ir. Así es a menudo la jornada de fe. Dios nos dice con claridad solamente lo que debemos dejar o suspender, mientras que el futuro permanece poco claro. Esto no sugiere un futuro incierto para quienes caminan en fe, sino que a veces es confuso. La presencia y promesa del Señor sostienen la certeza, aun cuando no veamos el futuro.

La obediencia de Abram al irse se basa en la clara instrucción de Dios: «Vete de tu tierra y de tu parentela» (Génesis 12:1). Aunque el Señor prometió sólo mostrarle la tierra prometida en algún momento futuro, el resto de sus promesas fueron bastante claras. Las mismas promesas pueden aplicarse de igual manera a la vida de todo aquel que cree como lo hizo Abraham.

Una de las cosas que no estamos dispuestos en la vida es a dejar, y eso impide que tenga una vida de fe. Necesitas aprender a renunciar y experimentar el desarraigo. El desarraigo significa el dejar los lugares cómodos y apropiados para ir a lo nuevo. El desarraigo es parte de las transiciones de cada una de las etapas de la vida, por ejemplo, cuando vamos por primera vez a la escuela, es un proceso de desarraigo, cuando nos casamos, cuando nos independizamos, cuando nos cambiamos de casa o de trabajo.

En todo momento estamos expuestos al desarraigo, pero una de las cosas que más trabajo nos cuesta renunciar al desarraigo, es vivir con nuestros problemas, vivir con nuestro desánimo de lograr metas, de conformarnos con nuestro estilo de vida y no aspirar a más. El verdadero desarraigo es renunciar a lo que tu viste alcanza a ver, a lo que tus emociones te mueven, a lo que tus pensamiento te encajona.

La vida en el poder de la fe, es moverte constantemente de la apatía a la acción, del conformismo a la renovación, del fracaso al éxito, de la enfermedad a la sanidad, de la opresión a la libertad. Así como Dios sacó a Abraham de los lugares cómodos y apropiados, Dios quiere sacarte de tu pesimismo, de tu egoísmo, de tu confusión, de tu depresión, de tu enojo, de tus dudas, de aquello que era más cómodo a los lugares de bendición. En poder de la fe, Dios te llevará a la bendición eterna.

  1. La fe te da la victoria sobre la adversidad.

Abram parte de Canaán hacia Egipto por causa del hambre (Génesis 12:10). Aunque creemos en Dios, obedecemos su Palabra y andamos en su camino, no tenemos ninguna garantía contra el hambre. Nuestra jornada de fe, al igual que la de Abraham, atravesará momentos de hambre. Estas sequías a veces se dan cuando perdemos el trabajo, cuando hay enfermedad y/o a través de algún otro modo de sufrimiento. La fe no es tan solo el poder para defenderse del mal, es el poder que nos da Dios para procesar la realidad. La fe nunca niega la realidad sino que la atraviesa con la confianza de la victoria prometida por Dios. En verdad,  1 Juan 5:4 En realidad, todo el que es hijo de Dios vence lo malo de este mundo, y todo el que confía en Jesucristo obtiene la victoria. Específicamente anuncia que la fe es la victoria que ha vencido al mundo.

¿Cuándo vences? ¡Al momento en que empiezas a creer! La lucha de la fe no concluye en la victoria de conseguir aquello en lo que tenía puesta la esperanza. ¡No! Tú ganas en el momento en que tomas una posición de fe cuando decides poner la confianza en el Señor, en lo que El ha dicho en medio de circunstancias amenazadoras.

Algunos sugieren que Abram no debería haber dejado la tierra que el Señor le acababa de indicar que le sería dada (Génesis 12:7–9). Si esto fuera en verdad una falla en la fe de Abram, si este fracasó en confiar en Dios frente a las circunstancias difíciles, entonces aún ese tropezón (al ninguno está excepto), Dios lo trató, y Abram sacó aprendizaje. En vez de mandarle una plaga por su falta de fe, Dios mandó una plaga a Faraón. Aunque no parece que Abram estaba en condiciones de decidirse a salir de Egipto, Dios intervino de manera tal que fue provisto y virtualmente forzado a volver a la tierra que llegaría a ser suya.

Regocíjate en esto. Tu jornada de fe no requiere que seas perfecto. Un creyente no es una persona infalible. Sin embargo, un creyente es alguien que responde a Dios cuando se descubren las fallas. Abram volvió al altar que había hecho antes, al principio, cuando vino a la tierra, entonces invocó de nuevo en ese lugar al nombre del Señor (Génesis 13:3–4).

Si tú no confías en Dios cuando te enfrentas a circunstancias amenazadoras, vuelve lo más rápido posible al lugar donde lo invocaste por primera vez, y renueva tu compromiso. Él te da la victoria sobre la adversidad, ni siquiera tienes que esperar a ver la solución, la victoria está desde que ya confías y crees que Dos te la dio.

  1. La fe te genera bendición.

Otro apisodio en la jornada de Abram fue cuando rescata a Lot su sobrino, el resultado de esta historia de victoria concluye con la consagración de Abram en Génesis 14:20 ¡Bendito sea el Dios altísimo, que entregó en tus manos a tus enemigos!» Entonces Abram le dio el diezmo de todo.

Estamos revisando la jornada de Abram, pero vale la pena analizar la vida de Lot. Eligió mal, pensando que era la mejor tierra (espíritu egoísta) dio fruto amargo. Lo llevó a asociarse con Sodoma y Gomorra. También, cuando los reyes de la región pelearon entre sí, Lot se convirtió en víctima de esas riñas. Elegir lo aparentemente mejor sin consultar a Dios te dará como resultado graves problemas en tu vida, pero aún así, de todas maneras, Dios saldrá a tu encuentro para ser rescatado de algún tipo de dificultad por tus malas decisiones. El poder de la fe, Dios sale a tu encuentro para sacarte de la maldición y llenarte de bendición y tú responder a esa bendición.

Como contraste al egoísmo de Lot, se ve el espíritu generoso de Abram. Cuando supo Abram de la cautividad de Lot, convocó inmediatamente a sus sirvientes y los preparó para rescatar a su sobrino. Este hecho es otra ojeada al carácter de este «padre de la fe». La misión tuvo éxito, y como resultado de la victoria ocurrieron dos incidentes importantes que sirven de enseñanza a todos los que viven por fe.

Primero, Abram se encuentra con Melquisedec, rey de Salem, a quien la Biblia describe como «sacerdote del Dios Altísimo» (Génesis 14:18). Abram le mostró gran reverencia a Melquisedec y le ofreció el diezmo de todo lo que había ganado en la batalla. En otras partes de la Escritura se nos dice que Melquisedec es la representación de Jesucristo (Salmos 110:4;  Hebreos 7:1–10). Al pagar los diezmos al rey de Salem, el «padre de la fe» nos enseña a los hombres y mujeres de fe que debemos pagar diezmos de nuestras prebendas. Ya tratamos el tema de la prosperidad, pero es importante resaltar que los creyentes son generosos con los diezmos y las ofrendas.

Segundo, la gente de fe no es generosa sólo con los diezmos y las ofrendas, exhiben otro aspecto que se caracteriza en la actitud de Abram para con el rey de la vil Sodoma. Abram no le permitió a este rey corrupto que lo bendijera. El rey de Sodoma quería los prisioneros, ofreciendo bienes a Abram pero pretendiendo a cambio el dominio de las personas. Abram rehusó entrar en sociedad con este rey. ¿Por qué? «Para que no digas: Yo enriquecí a Abram». Dios ya había enriquecido a Abram, y él entendía claramente que sus recursos provenían de su relación con el Altísimo.

Deuteronomio 30:9 Entonces el Señor tu Dios te bendecirá con mucha prosperidad en todo el trabajo de tus manos y en el fruto de tu vientre, en las crías de tu ganado y en las cosechas de tus campos. El Señor se complacerá de nuevo en tu bienestar, así como se deleitó en la prosperidad de tus antepasados,

Una persona de fe no se asociará con quien mancille la fuente de bendición . De este incidente nuestra jornada de fe nos enseña: (1) A rescatar inclusive a los pecadores, (2) a manifestar generosidad en los diezmos y en las ofrendas y (3) a oponernos a cualquier sociedad que pudiera manchar la fuente de nuestras bendiciones.

En tu vida, ¿qué personas estarías dispuesto a rescatar? Escribe los nombres, asegúrate de incluir los que puede que no sean «inocentes».

¿Cuál es tu plan de ofrendar? Evalúa tu propia generosidad. Si tú lidias con el pago de los diezmos, reflexiona la razón principal o las razones principales, si son más de una. Por último, ¿has hecho acuerdos que como persona de fe hayan deshonrado la fuente de su bendición? Pide perdón a Dios y desarrolla un plan de acción para corregirlas.

  1. La fe te garantiza la promesa.

En la trayectoria del padre de la fe vemos otro ejemplo a seguir cuando decide establecer una relación duradera, pero Dios le pide algo que no estaba en la agenda de fe de Abram, la historia bíblica lo denomina como un pacto con sacrificio de (Génesis 15), seguido de este pacto viene la promesa cumplida. Representa un ejemplo de fe como lo dice Pablo en Romanos 4:16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común.

Cuando Abram se quejó de no tener heredero, Dios le prometió que alguien nacido de su simiente sería su heredero. Dios le pide a Abram mirar a las estrellas. Cuando miraba los innumerables astros, Dios le dijo: «Así será tu descendencia» (Génesis 15:6). Abram creyó al Señor cuando miró las estrellas, oyó la promesa de Dios. En ese momento, la fe de Abram permitió al Señor «impartirle» justicia. ¿Qué clase de fe es esta? ¿Qué significa que el Señor nos imparte justicia? Es cuando Dios (por su gracia y elección de amor) nos atribuye un complemento total de su justicia y de su justificación prometida.

Cuando tú te conviertes en una persona de fe, serás de suma importancia que reconozcas la diferencia entre creer en la promesa y creer en Aquel que ha hecho la promesa. Para Abram, lo segundo se hizo realidad. Y esta fe permitió al Señor impartirle justicia. Abraham recibió la promesa de un hijo a través de Sara (Génesis 18:1–5).

Una de las grandes lecciones que enseña la jornada de fe de Abraham tiene que ver con el tiempo. Vivimos en una cultura en que el tiempo parece estar comprimido. Casi todo lo que nos rodea se mueve con rapidez: el internet, las computadoras y los hornos de microondas actúan de inmediato. Sin embargo, la fe no opera en una atmósfera donde todo se hace de inmediato o por conveniencia. En ese momento de la jornada de Abraham, Dios le había prometido un hijo muchos años antes. Esta promesa provocó risa pero no fue por la incredulidad, más bien por la falta de entendimiento de las promesas de Dios que se mueven en el tiempo de Dios y no en el nuestro.

Finalmente, Abraham se enfrentó con el llamado supremo a la fe: A dejar frente al altar todo lo que Dios le había dado. A rendir todo, inclusive la promesa cumplida, y confiar en el que hizo la promesa por sobre todo.

Este encuentro fue el momento cumbre en la jornada de fe de Abraham. Los propósitos más altos de Dios no son enriquecernos (aunque lo haya hecho con Abraham), sanarnos (aunque haya «sanado» el cuerpo de Abraham, haciendo posible así el nacimiento de Isaac) o cumplir su promesa con nosotros (aunque dio a Abraham y a Sara el hijo prometido, Isaac). Su objetivo es traernos de vuelta a confiar en Él bajo cualquier circunstancia y en toda situación, y a caminar con él, por encima y más allá de todo.

11. EL PODER DE LA ORACIÓN

Bienvenido al penúltimo mensaje de la serie “El poder de la fe”. ¿Has descubierto la paz y el gozo que vienen de la oración? Te hago la pregunta porque temo que demasiadas personas quieren discutir sobre la oración por razones diferentes a los beneficios espirituales: se encuentran muy ocupados por mejorar físicas o económicas. Desde luego, para nosotros es natural querer aprender los «secretos del éxito». Incluso cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar puede que lo hicieran por motivos errados. Sabemos que insensatamente pidieron posición y reconocimiento (Marcos 10.35–45).

Sin embargo, el poder de la oración se haya no sólo en una fe enérgica que busca exigirle a Dios cualquier cosa que deseemos, sino que el verdadero poder espiritual se encuentra en el poder de la fe que lucha por: (1) que se haga la voluntad de Dios (2) como se revela en las Escrituras . Si deseas que el poder de la fe se desate de manera que no busques el beneficio propio, es necesario entonces, que estés completa y exclusivamente comprometido con el reino, la voluntad y el gobierno de Dios. A medida que te comprometas se hace real en ti el verdadero acceso a la promesa de  Mateo 6:33 Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Todo lo demás, él se los dará a su tiempo.

Reconocer (zeteo). En el buen sentido, esta palabra significa buscar, como en la alabanza, con todo el corazón a Dios. En la antigüedad, cuando la palabra se empleaba con una connotación negativa, quería decir tramar o conspirar. Pero cuando buscamos a Dios con todo el corazón, planificando y aceptando el reino de Dios como una realidad inmediata, el Señor puede «darnos todas las cosas» que hemos deseado en la profundidad del corazón.

En el poder de la fe, es vital que aprendas a ser paciente, a no desesperarte por satisfacer tus necesidades, porque la voluntad de Dios no está en función de tus necesidades, sino del proyecto que ha diseñado para ti, por eso el apóstol Pedro exhortó a que desechemos toda ansiedad sobre el Señor 1 Pedro 5:7 Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes.

La razón para esta oración se basa en el conocimiento del amor de Dios. Ese es el punto de partida, el fundamento para la oración en el poder de la fe. ¿Sabías que el Señor te cuida? Solamente cuando en lo íntimo de nuestro corazón estamos convencidos del continuo afecto del Señor por nosotros, es posible acercarnos a Él con fe sencilla y confiada. Para ello, es necesario que puedas usar alguna de las cuatro tipo de oraciones en el poder de la fe para el crecimiento de tu vida espiritual.

  1. La oración de entrega.

Los mayores ejemplos de este tipo de oración son las palabras de Jesús hizo previo a la traición y crucifixión, y la realizó en un huerto o jardín llamado Getsemaní. Mateo 26:36–46 Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar.» Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.» Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Luego volvió a donde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. « ¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —Le dijo a Pedro—. Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.» Por segunda vez se retiró y oró: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad.» Cuando volvió, otra vez los encontró dormidos, porque se les cerraban los ojos de sueño. Así que los dejó y se retiró a orar por tercera vez, diciendo lo mismo. Volvió de nuevo a los discípulos y les dijo: « ¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»

Nadie puede entender la angustia que Jesús sintió. Aunque nosotros lidiamos con el pecado, no somos puros como él. Nosotros luchamos por volvernos puros, pero Jesús era puro. No había pecado (y no habría de pecar), pues no formaba parte de su naturaleza. Mientras agonizaba, enfrentaba la posibilidad de que el pecado lo separara del Padre, ya que estaba a punto de pagar el precio de nuestro pecado.

¡Aun así se rindió! En el Evangelio de Lucas, dice que un ángel le fortaleció (Lucas 22:43). Finalmente, se rindió a la muerte de la cruz. Fue levantado de entre los muertos. Pero para todo esto, Dios ya tenía un propósito que lo describe perfectamente Pablo a este hecho en  Filipenses 2:9–11 Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres, para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra; para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.

En este tipo de oración, en el poder de la fe se te invita a asumirla, a ser parte de entregar tu vida a Cristo no sólo para salvación, también para servir, porque en la medida que te entregues y te humilles, Dios te exaltará, te pondrá en alto, te dará la victoria sobre la enfermedad, victoria sobre la depresión, victoria sobre el pecado y la tentación, victoria sobre la maldad y corrupción. Si nos rendimos en oración de fe a la voluntad de Dios, seremos fortalecidos de manera sobrenatural y finalmente exaltados junto con Cristo.

  1. La oración de autoridad.

La oración debe realizarse con autoridad, la autoridad no proviene de ti, la autoridad es de Dios, pero él pone autoridad en tu boca para que declares su voluntad. Lo que tú declares debes de hacerlo en el nombre de Jesús, al que todos se doblan por su autoridad. Dios nos ha dado autoridad sobre la enfermedad, sobre las tormentas y sobre las finanzas (Mateo 10:1;  Lucas 10:19). A veces le pedimos a Dios que actúe, cuando en verdad nos llama a emplear su autoridad actuando por medio de declaraciones divinamente autorizadas. Debemos declarar esa autoridad en nombre de Jesús: podemos ordenar que fluyan a nuestras manos los fondos necesarios, que cese la tormenta, que un demonio abandone a alguien, que una aflicción nos deje o que una enfermedad desaparezca.

Las palabras de Jesús fueron muy claras: «Les aseguro que si tienen confianza y no dudan del poder de Dios, todo lo que pidan en sus oraciones sucederá. Si le dijeran a esta montaña: "Quítate de aquí y échate en el mar", así sucedería. Sólo deben creer que ya está hecho lo que han pedido.» Marcos 11:23. ¡Cree en tu corazón que ya se hizo! Proclámelo con el poder de la fe que Dios te da. Pero recuerda: los milagros nacen de la fe en el poder de Dios, no nacen de un ritual, fórmula o fuerza de la voluntad humana»

  1. La oración de sanidad.

Si tú te entregas cada día de corazón a la voluntad de Dios y ejercer la autoridad que Jesucristo te dio, podrá practicar la oración de sanidad. En el poder de la fe, la enfermedad no es un obstáculo para el creyente, muchas veces Dios permite la enfermedad y hasta la muerte para manifestar su gloria, pero siempre cabe la posibilidad de sanidad en la oración cuando no dudas, cuando tienes absoluta confianza de que Dios tiene poder sobre la enfermedad, y ese mismo poder te lo dio en la fe, una prueba de ello es el libro de  Santiago 5:14–15 Si alguno está enfermo, que llame a los *líderes de la iglesia, para que oren por él; entonces ellos le untarán aceite y le pedirán al Señor que lo sane. Si oran con confianza, Dios les responderá y sanará al enfermo, y si ha pecado también lo perdonará. «Y el Señor lo sanará» Esa es la promesa. ¿Cuál será tu participación? Si estás enfermo (a), llama a los ancianos de la iglesia, a tu guía espiritual. Pide oración. Algunos sugieren que Santiago se refiere a la oración de fe como una aplicación para ese momento de sanidad. Se cree que en este ejemplo los ancianos son los que elevan la oración de fe. Sin embargo, cuando no están disponibles los ancianos, puedes elevar la oración en el poder de la fe.

Otro ejemplo en el A. T., es cuando Dios promete sanidad si el pueblo aprende a obedecer la voz de Dios, la obediencia significa fe poderosa aplicada. Cuando no crees en el poder de Dios, simplemente no crees en lo que dice Dios, lo escuchas pero no le crees. Es muy sencillo, cuando él te dice: “trae tu diezmo a mi casa y yo te bendeciré”, tú dices: me gustaría pero tengo muchas gastos, espera a que me reponga. Eso significa desobediencia, significa falta de fe, de confianza en las Palabras de Dios, por eso en  Éxodo 15:26 Les dijo: «Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.» Esto se llama el Pacto de Sanidad Divina en el Antiguo Testamento, se basa en la confianza en las promesas de Dios, en la fe, en la obediencia. 

  1. La oración de revelación.

El hecho de ser cristianos no significa que lo sabes todo, Dios ha guardado misterios desde la eternidad y se los revela a sus hijos, pero se requiere una fe ciega en Dios para obtener su conocimiento. Dios se dio a conocer por medio de Cristo, pero Dios quiere que le conozcas mejor. Los teólogos dicen: Dios es conocible, pero incomprensible; significa que tienes la posibilidad de conocer parte de la verdad de Dios, pero tu mente no te da la capacidad para conocerlo de todo y comprenderlo absolutamente. En el poder de la fe, es posible conocer cada vez mejor de Dios, así lo dice el autor de Efesios 1:15–17 Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los santos, no he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.

Ora con confianza pidiendo «revelación». Puesto que esta palabra se usa mal en algunos sectores de la iglesia, podrías luchar con esta idea. Pero la enseñanza de este texto es el modelo adecuado para todos los creyentes respecto de la oración que se eleva en el poder de la fe.

El autor dice en este pasaje que ora para que los destinatarios de su carta reciban “espíritu de sabiduría y de revelación”, con el propósito y el poder de Dios en sus vidas. Tal “revelación” es como un descorrer del velo del corazón, a fin de que podamos recibir el entendimiento profundo de la manera en que la Palabra de Dios intenta obrar en nuestras vidas. Esta se puede aplicar a la enseñanza o a la predicación especialmente ungida para ayudar a las personas a ver la gloria de Cristo y la manifestación de su propósito y poder en sus vidas.

La palabra “revelación” se emplea de dos maneras en la Biblia. A las Sagradas Escrituras se las llama la “Palabra revelada de Dios”. La Biblia declara que la “Ley” de Dios (Deuteronomio 29:29) y los “profetas” (Amós 3:7) son el resultado de la revelación divina, lo cual describe a todo el Antiguo Testamento “revelado”. En el Nuevo Testamento, esta palabra también se aplica a las Escrituras” (Romanos 16:25; Efesios 3:3; Apocalipsis 1:1), las cuales llegaron a formar parte del canon completo de la Biblia.

La sabiduría y el entendimiento, al igual que un hablar sano y práctico, recomiendan que el creyente de hoy conozca y exprese con claridad lo que quiere decir cuando habla de “revelaciones”. El Espíritu Santo, a decir verdad, nos da revelación, así como este texto lo enseña. Pero esta intuición profética nunca se debe considerar igual a la recepción real de las Santas Escrituras. Tan útil como pueda ser para la Palabra de Dios, el propósito de toda la revelación de la Santa Palabra es el único fundamento seguro para la edificación de nuestras vidas» (Mateo 7:24–29).


Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón


10. LA PROSPERIDAD ESPIRITUAL

¿Puedes ver la conexión entre las condiciones de la prosperidad y la fe? Para entenderlo es necesario que primero sepas lo que queremos hablar de la prosperidad. En la actualidad existe una doctrina antibíblica llamada “Teología de la Prosperidad”, donde la fe justifica los medios económicos, si tú eres verdadero cristiano, luego entonces, debes ser próspero económicamente, porque eres hijo del gran Rey, y sus hijos no están en la miseria, él da en abundancia si lo crees, si lo declaras.

Pareciera que la condición de tu fe es el dinero, la ausencia del mundo material es la falta de fe. Si la condición para la fe eficaz fuera la prosperidad materia, porque hay muchos ejemplos de personas que nos enseñan la grandeza de la fe desde su pobreza como la viejita que dio como ofrenda la única moneda que tenía en sus manos, o la mujer que gastó todo su poco dinero en un frasco de fragancia para ungir a Jesús. También en el A. T. un grupo de gente sin dinero, sin tierra, pobre, enferma, cansada es llamada para entrar a la tierra prometida por Dios, así lo atestiguan Josué y Caleb, los que entraron a la tierra a observar las condiciones.

¿Tiene lógica para ti el hecho de que ninguna de estas condiciones es posible sin fe? ¿Sin fe, podría Josué hablar la Palabra del Señor al enfrentarse con todos los obstáculos que tendría al guiar a Israel a la Tierra Prometida? ¿No se necesita una fe viva para llenar la mente de la Palabra de Dios, en vez de dejar que se llene de los desafíos de la conquista? Por eso Dios dijo a Josué muchas veces: «Sé valiente, no temas ni desmayes» (Josué 1:6-9).

¡Qué importante es el poder de la fe cuando intentamos obedecer la voz de Dios! ¡Trata de dar siete vueltas alrededor del muro de Jericó sin fe! Sin fe intenta cruzar el Jordán pidiéndoles a los sacerdotes que entren en las aguas. Lee estas historias en los primeros capítulos de libro de Josué, y estarás de acuerdo en que fue la fe de Josué, fue estimulada por la promesa divina de «gran prosperidad» la que le dio el triunfo. ¿Cómo sucedió? Mediante la alimentación, la meditación y la comunicación constante de la verdad de la Palabra de Dios.

La fe en estas expresiones de diálogo, pensamiento y acción, centrada en la Palabra de Dios, se vuelve el fundamento de la prosperidad dada por Dios. Quiero definir la palabra «prosperidad»: Alcanzar una meta deseada. El concepto se enfoca menos en la abundancia material y más en las aventuras prósperas en el ámbito espiritual. La prosperidad de Dios es la provisión divina que posibilita el avance real en el camino asignado o en la tarea que debe realizarse de acuerdo a su voluntad, y esto no tiene que ver con dinero.

Repasaremos en este tema lo que realmente enseña la Biblia sobre la prosperidad. Algunas promesas de bendición se manifiestan ampliamente en la Biblia cuando tu te comprometes con Dios. Otras promesas son muy precisas, con parámetros bien definidos cuando te consagras a servirle. Pero sobre todo, descubrirás que las condiciones para la bendición y la prosperidad casi siempre nos llevan por el sendero de las relaciones. En otras palabras, aunque comprendas principios ricos de la prosperidad, notarás que Dios no está interesado en enriquecer a alguien por el simple hecho del enriquecimiento.

Para asegurar una perspectiva sana del tema del pode de la fe y la prosperidad, que tan a menudo se distorsiona, establezcamos tres aspectos de prosperidad espiritual.

  1. La prosperidad espiritual se vincula siempre con el propósito de Dios.

Dios pretende que seamos instrumentos de recursos porque es parte de sus propósitos. Nos llena de riqueza espiritual cuando estamos en sus propósitos, cuando entramos en la dinámica de responder a su llamado. El estar lejos de Dios significa pobreza espiritual, vacía, agonía, confusión, incertidumbre. Pero Dios lo llena todo en todo, llena de su Espíritu para que seamos prósperos. Filipenses 4:19 «Por eso, de sus riquezas maravillosas mi Dios les dará, por medio de Jesucristo, todo lo que les haga falta». La conexión entre las ofrendas responsables de los filipenses y el propósito de la bendición de Dios es clara, cuando leemos esta promesa en su contexto. Le dieron a Pablo, y luego Dios les dio la recompensa. Pero los recompensó para que pudieran seguir siendo una fuente de recursos para el programa del reino de Dios en todos los aspectos no sólo en lo material, en estos términos de los Filipenses con Pablo, Dios usó el recurso material para bendecir una vida que vivía bajo la amenaza de la muerte y desolación, eso seguro levantó el espíritu de Pablo.

  1. La prosperidad espiritual siempre está relacionada con el carácter de Dios.

Siguiendo el testimonio de Pablo, él nunca quiso recibir alguna ayuda económica de ninguna iglesias, él trabaja por su cuenta reparando tiendas de campaña, la única iglesia que le recibió ayuda económica fue la de los Filipenses, cuando él estuvo en una gran necesidad y no tenía la posibilidad de generar sus propios recursos.

Sin embargo, aceptó la ayuda no porque no le queda de otra, o porque estaba acostumbrado a un cierto estilo de vida; ese es el problema en nuestra sociedad, no estamos conforme con lo que tenemos, ni contentos, deseamos más y si pudimos subir de nivel, es muy importante mantenerse ahí y si se puede subir. En sí no es malo el ingreso económico, el problema es verlo como un fin y no un medio. El fin te obliga a buscarlo a toda cuesta, el medio llega en su momento y en la voluntad de Dios y que puedas ser capaz de decir como Pablo dijo: Filipenses 4:11–13 No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Casi sin respiro, Pablo transmite la promesa de bendiciones a los que dieron y administra las lecciones de vivir plenamente satisfechos con lo que se tiene. La prosperidad no está prometida como una medicina para tu insatisfacción. La confesión de Pablo es simple: Yo estoy contento en la abundancia y en la escasez. Las posesiones o la prosperidad económica no determinan el nivel de satisfacción, en cambio la prosperidad espiritual sí contribuye o satisface tu necesidad interna. Esta actitud es reflejo del carácter de Dios en tu vida, porque él es el que moldea tus pensamientos por medio de la fe, para que vivas satisfecho con lo que tiene. ¿Es posible estar satisfechos en Dios? Pablo afirma su famosa declaración: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». A partir e este contexto, se ve claramente que la fortaleza, el poder de la fe, que viene del Señor Jesús, surge de estar satisfecho a pesar de la presencia o ausencia de abundancia.

Dios no quiere que vivas en la miseria, sino que aprenda a ser prosperado desde tu interior, y después de reflejará en tu exterior. 3 Juan 2 « ¡Amado, yo ruego a Dios que en todos respectos prosperes y tengas salud, así como prospera tu alma!». Euodoo viene de las palabras griegas que significan «bueno» y «camino». Por lo tanto denota éxito en alcanzar un objetivo, ya sea en un viaje o en el negocio.

Juan se asegura de que el concepto de prosperidad sea integral. Él enlaza la condición del ser interior con los aspectos externos de la vida. Según su forma de pensar, sería inútil orar para alcanzar una meta si uno no está bien internamente. Alguien dijo lo siguiente: «Deseo que puedas llegar a donde quieres ir en tu exterior mientras en tu interior vayas a donde Dios quiere».

  1. La prosperidad espiritual siempre está subordinada a las promesas de Dios.

El éxito está más relacionado con el programa de Dios que con nuestros deseos. No está mal presentar nuestras peticiones y deseos al Señor. Está mal hacer que los deseos condicionen la relación. Dios quiere bendecirnos, darnos éxito en todas las áreas de nuestra vida. Sin embargo descubriremos que esas bendiciones vendrán confirmadas cuando te comprometes con el propósito de Dios para tu vida.

No existe una condición para que la promesa de Dios se cumpla en tu vida, él da en abundancia aún cuando somos malos, pero a los hijos que hacen la voluntad de su Padre, les sobreabunda desde su interior hasta su exterior, dice Malaquías 3:10 »Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.

La Biblia tiene tanto promesas de prosperidad como advertencias acerca de la prosperidad. ¿Por qué? Porque el Señor conoce los corazones. La humanidad caída y hasta los redimidos del Señor son fácil presa de los patrones de pensamiento acerca de la teología de la prosperidad que se inclinan hacia la codicia y la avaricia. El Señor desea que la prosperidad sea una bendición, no una maldición. Pero la fe se emplea erróneamente cuando la motiva la codicia y cuando la prosperidad se convierte en la condición sobre la cual la fundamentamos. De repente, confiamos en Dios para obtener bienes, en vez de confiar en Él en todo. ¡En ese momento, la prosperidad se convierte en una maldición! Por esa razón, la promesa va seguida de la obediencia a la Palabra de Dios. Josué 1:8 «Que el libro de esa ley no se te caiga de los labios; medítalo día y noche, para poner en práctica todas sus cláusulas; así prosperarán tus empresas y tendrás éxito.»

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