Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

11. EL PODER DE LA ORACIÓN

Bienvenido al penúltimo mensaje de la serie “El poder de la fe”. ¿Has descubierto la paz y el gozo que vienen de la oración? Te hago la pregunta porque temo que demasiadas personas quieren discutir sobre la oración por razones diferentes a los beneficios espirituales: se encuentran muy ocupados por mejorar físicas o económicas. Desde luego, para nosotros es natural querer aprender los «secretos del éxito». Incluso cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar puede que lo hicieran por motivos errados. Sabemos que insensatamente pidieron posición y reconocimiento (Marcos 10.35–45).

Sin embargo, el poder de la oración se haya no sólo en una fe enérgica que busca exigirle a Dios cualquier cosa que deseemos, sino que el verdadero poder espiritual se encuentra en el poder de la fe que lucha por: (1) que se haga la voluntad de Dios (2) como se revela en las Escrituras . Si deseas que el poder de la fe se desate de manera que no busques el beneficio propio, es necesario entonces, que estés completa y exclusivamente comprometido con el reino, la voluntad y el gobierno de Dios. A medida que te comprometas se hace real en ti el verdadero acceso a la promesa de  Mateo 6:33 Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Todo lo demás, él se los dará a su tiempo.

Reconocer (zeteo). En el buen sentido, esta palabra significa buscar, como en la alabanza, con todo el corazón a Dios. En la antigüedad, cuando la palabra se empleaba con una connotación negativa, quería decir tramar o conspirar. Pero cuando buscamos a Dios con todo el corazón, planificando y aceptando el reino de Dios como una realidad inmediata, el Señor puede «darnos todas las cosas» que hemos deseado en la profundidad del corazón.

En el poder de la fe, es vital que aprendas a ser paciente, a no desesperarte por satisfacer tus necesidades, porque la voluntad de Dios no está en función de tus necesidades, sino del proyecto que ha diseñado para ti, por eso el apóstol Pedro exhortó a que desechemos toda ansiedad sobre el Señor 1 Pedro 5:7 Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes.

La razón para esta oración se basa en el conocimiento del amor de Dios. Ese es el punto de partida, el fundamento para la oración en el poder de la fe. ¿Sabías que el Señor te cuida? Solamente cuando en lo íntimo de nuestro corazón estamos convencidos del continuo afecto del Señor por nosotros, es posible acercarnos a Él con fe sencilla y confiada. Para ello, es necesario que puedas usar alguna de las cuatro tipo de oraciones en el poder de la fe para el crecimiento de tu vida espiritual.

  1. La oración de entrega.

Los mayores ejemplos de este tipo de oración son las palabras de Jesús hizo previo a la traición y crucifixión, y la realizó en un huerto o jardín llamado Getsemaní. Mateo 26:36–46 Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar.» Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.» Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Luego volvió a donde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. « ¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —Le dijo a Pedro—. Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.» Por segunda vez se retiró y oró: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad.» Cuando volvió, otra vez los encontró dormidos, porque se les cerraban los ojos de sueño. Así que los dejó y se retiró a orar por tercera vez, diciendo lo mismo. Volvió de nuevo a los discípulos y les dijo: « ¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»

Nadie puede entender la angustia que Jesús sintió. Aunque nosotros lidiamos con el pecado, no somos puros como él. Nosotros luchamos por volvernos puros, pero Jesús era puro. No había pecado (y no habría de pecar), pues no formaba parte de su naturaleza. Mientras agonizaba, enfrentaba la posibilidad de que el pecado lo separara del Padre, ya que estaba a punto de pagar el precio de nuestro pecado.

¡Aun así se rindió! En el Evangelio de Lucas, dice que un ángel le fortaleció (Lucas 22:43). Finalmente, se rindió a la muerte de la cruz. Fue levantado de entre los muertos. Pero para todo esto, Dios ya tenía un propósito que lo describe perfectamente Pablo a este hecho en  Filipenses 2:9–11 Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres, para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra; para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.

En este tipo de oración, en el poder de la fe se te invita a asumirla, a ser parte de entregar tu vida a Cristo no sólo para salvación, también para servir, porque en la medida que te entregues y te humilles, Dios te exaltará, te pondrá en alto, te dará la victoria sobre la enfermedad, victoria sobre la depresión, victoria sobre el pecado y la tentación, victoria sobre la maldad y corrupción. Si nos rendimos en oración de fe a la voluntad de Dios, seremos fortalecidos de manera sobrenatural y finalmente exaltados junto con Cristo.

  1. La oración de autoridad.

La oración debe realizarse con autoridad, la autoridad no proviene de ti, la autoridad es de Dios, pero él pone autoridad en tu boca para que declares su voluntad. Lo que tú declares debes de hacerlo en el nombre de Jesús, al que todos se doblan por su autoridad. Dios nos ha dado autoridad sobre la enfermedad, sobre las tormentas y sobre las finanzas (Mateo 10:1;  Lucas 10:19). A veces le pedimos a Dios que actúe, cuando en verdad nos llama a emplear su autoridad actuando por medio de declaraciones divinamente autorizadas. Debemos declarar esa autoridad en nombre de Jesús: podemos ordenar que fluyan a nuestras manos los fondos necesarios, que cese la tormenta, que un demonio abandone a alguien, que una aflicción nos deje o que una enfermedad desaparezca.

Las palabras de Jesús fueron muy claras: «Les aseguro que si tienen confianza y no dudan del poder de Dios, todo lo que pidan en sus oraciones sucederá. Si le dijeran a esta montaña: "Quítate de aquí y échate en el mar", así sucedería. Sólo deben creer que ya está hecho lo que han pedido.» Marcos 11:23. ¡Cree en tu corazón que ya se hizo! Proclámelo con el poder de la fe que Dios te da. Pero recuerda: los milagros nacen de la fe en el poder de Dios, no nacen de un ritual, fórmula o fuerza de la voluntad humana»

  1. La oración de sanidad.

Si tú te entregas cada día de corazón a la voluntad de Dios y ejercer la autoridad que Jesucristo te dio, podrá practicar la oración de sanidad. En el poder de la fe, la enfermedad no es un obstáculo para el creyente, muchas veces Dios permite la enfermedad y hasta la muerte para manifestar su gloria, pero siempre cabe la posibilidad de sanidad en la oración cuando no dudas, cuando tienes absoluta confianza de que Dios tiene poder sobre la enfermedad, y ese mismo poder te lo dio en la fe, una prueba de ello es el libro de  Santiago 5:14–15 Si alguno está enfermo, que llame a los *líderes de la iglesia, para que oren por él; entonces ellos le untarán aceite y le pedirán al Señor que lo sane. Si oran con confianza, Dios les responderá y sanará al enfermo, y si ha pecado también lo perdonará. «Y el Señor lo sanará» Esa es la promesa. ¿Cuál será tu participación? Si estás enfermo (a), llama a los ancianos de la iglesia, a tu guía espiritual. Pide oración. Algunos sugieren que Santiago se refiere a la oración de fe como una aplicación para ese momento de sanidad. Se cree que en este ejemplo los ancianos son los que elevan la oración de fe. Sin embargo, cuando no están disponibles los ancianos, puedes elevar la oración en el poder de la fe.

Otro ejemplo en el A. T., es cuando Dios promete sanidad si el pueblo aprende a obedecer la voz de Dios, la obediencia significa fe poderosa aplicada. Cuando no crees en el poder de Dios, simplemente no crees en lo que dice Dios, lo escuchas pero no le crees. Es muy sencillo, cuando él te dice: “trae tu diezmo a mi casa y yo te bendeciré”, tú dices: me gustaría pero tengo muchas gastos, espera a que me reponga. Eso significa desobediencia, significa falta de fe, de confianza en las Palabras de Dios, por eso en  Éxodo 15:26 Les dijo: «Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.» Esto se llama el Pacto de Sanidad Divina en el Antiguo Testamento, se basa en la confianza en las promesas de Dios, en la fe, en la obediencia. 

  1. La oración de revelación.

El hecho de ser cristianos no significa que lo sabes todo, Dios ha guardado misterios desde la eternidad y se los revela a sus hijos, pero se requiere una fe ciega en Dios para obtener su conocimiento. Dios se dio a conocer por medio de Cristo, pero Dios quiere que le conozcas mejor. Los teólogos dicen: Dios es conocible, pero incomprensible; significa que tienes la posibilidad de conocer parte de la verdad de Dios, pero tu mente no te da la capacidad para conocerlo de todo y comprenderlo absolutamente. En el poder de la fe, es posible conocer cada vez mejor de Dios, así lo dice el autor de Efesios 1:15–17 Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los santos, no he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.

Ora con confianza pidiendo «revelación». Puesto que esta palabra se usa mal en algunos sectores de la iglesia, podrías luchar con esta idea. Pero la enseñanza de este texto es el modelo adecuado para todos los creyentes respecto de la oración que se eleva en el poder de la fe.

El autor dice en este pasaje que ora para que los destinatarios de su carta reciban “espíritu de sabiduría y de revelación”, con el propósito y el poder de Dios en sus vidas. Tal “revelación” es como un descorrer del velo del corazón, a fin de que podamos recibir el entendimiento profundo de la manera en que la Palabra de Dios intenta obrar en nuestras vidas. Esta se puede aplicar a la enseñanza o a la predicación especialmente ungida para ayudar a las personas a ver la gloria de Cristo y la manifestación de su propósito y poder en sus vidas.

La palabra “revelación” se emplea de dos maneras en la Biblia. A las Sagradas Escrituras se las llama la “Palabra revelada de Dios”. La Biblia declara que la “Ley” de Dios (Deuteronomio 29:29) y los “profetas” (Amós 3:7) son el resultado de la revelación divina, lo cual describe a todo el Antiguo Testamento “revelado”. En el Nuevo Testamento, esta palabra también se aplica a las Escrituras” (Romanos 16:25; Efesios 3:3; Apocalipsis 1:1), las cuales llegaron a formar parte del canon completo de la Biblia.

La sabiduría y el entendimiento, al igual que un hablar sano y práctico, recomiendan que el creyente de hoy conozca y exprese con claridad lo que quiere decir cuando habla de “revelaciones”. El Espíritu Santo, a decir verdad, nos da revelación, así como este texto lo enseña. Pero esta intuición profética nunca se debe considerar igual a la recepción real de las Santas Escrituras. Tan útil como pueda ser para la Palabra de Dios, el propósito de toda la revelación de la Santa Palabra es el único fundamento seguro para la edificación de nuestras vidas» (Mateo 7:24–29).


Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón


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