Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

FUNCIÓN PROFÉTICA DE LA REFORMA EN NUESTROS TIEMPOS

ROMANOS 13

Es muy lamentable la participación de algunos evangélicos en el ámbito de la política, donde han manifestado hambre y sed de conquistar el poder con las mismas armas mezquinas que usan la mayoría de los que están en esta carrera. Es triste y lamentable que por alcanzar una migaja están dispuestos a acomodarse a la corriente y filosofía política partidista que siempre es tramposa y ladina. Por otro lado, encontramos grupos evangélicos apolíticos, los que todavía están pensando que son cosas del diablo y que por tanto no deberíamos meternos; esto cierra la posibilidad de analizar la realidad en que vivimos y genera un espíritu de escapismo queriendo permanecer en el cielo donde se piensa que es nuestro destino final.

Por otro lado, la realidad social, económica y política, es todavía más crítica y lamentable en nuestros tiempos, como dice el dicho, nos llueve sobre mojado. En ninguna década, se había visto tanto golpe a la economía del pueblo, al despojo y a la rapiña que se han caracterizado los que deciden por el futuro de las mayorías. En realidad no ha sido el golpe duro al narcotráfico y delincuencia, como se maneja en los medios, sino un golpe inicuo sin misericordia al salario, la canasta básica y a la energía de consumo.

La aprobación de los nuevos impuestos y el golpe al sindicalismo, no queda más que preguntarse, cómo se disparará las barras de la pobreza en nuestro país; según datos oficiales del Coneval, la pobreza en México aumentó de 42.6 a 47.4 por ciento de la población entre 2006 y 2008 y la miseria de 13.8 a 18.2 por ciento; cuánto más incrementará. Esto sin contar que hay cerca de medio millón de empleos que se perdieron entre los mexicanos.

Las condiciones que vivimos hoy, no son muy diferentes a la que los primeros cristianos se enfrentaron en el primer siglo en la evangelización, y no muy diferentes a las que resistieron los primeros reformadores. Los modelos económicos han evolucionado con el tiempo, pero lo que permanece es el egoísmo y explotación, de parte de una minoría contra las masas oprimidas. Los reformadores tuvieron que enfrentar sus mismas luchas y crisis del momento, su participación siempre fue producto de la reflexión teológica en la Palabra, la que nos ilumina para una praxis, como pueblo de Dios y miembros de un Reino que se hace presente. Cuál fue la aportación de los reformadores, en especial Calvino frente a los desafíos de su época, que nos iluminará para asumir el desafío de nuestro tiempo como iglesias reformadas.

LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO EN CALVINO

Si algo debemos reafirmar como producto del estudio de la vida y obra de Calvino a 550 años de su nacimiento, es que nuestro gran reformador no sólo estaba bien preparado en cuestiones de Biblia y Teología, también otros rubros como la economía y política, de muchas maneras se ve su profundo interés sobre el problema del gobierno de su época.
Al leer la introducción de la “Institución a la Religión Cristiana” de Juan Calvino, en la carta dedicatoria “al cristianismo rey de Francia” (Francisco I), se hace una defensa de los protestantes franceses contra los cargos de herejía y sedición. Desde aquí ya expone Calvino las ideas fundamentales respecto de los deberes que atañen a los gobernantes. El rey debe considerarse “ministro de Dios” encargado de dar gloria al señor mediante su oficio, y hago por la palabra de Dios y bajo el Señorío de Cristo. Dice Calvino:
Pero vuestro ofizio será oh Rei clementísimo, no apartar vuestras orejas, ni vuestro corazón de la defensa de una causa tan justa: principalmente siendo el negozio de tanta importancia: conviene á saber, como la gloria de Dios será mantenida sobre la tierra, como la verdad de Dios retendrá su dignidad, como el reino de Cristo permanecerá en su perfección i ser. Cosa de cierto digna de vuestras orejas, digna de vuestra judicatura, digna de vuestro trono real. Porque el pensar esto haze á uno verdadero Rei: si el reconoce ser verdadero ministro de Dios en el gobierno de su reino: i por el contrario, aquel que no reina para este fin, de servir á la gloria de Dios, este tal no es Rei sino salteador. I engáñase cualquiera que espera luenga prosperidad en reino que no es rejido con el zeptro de Dios: quiero decir, con su santa palabra [sic].
Según en una conferencia dictada por el Dr. Salatiel Palomino, dice que esta introducción Calvino amonesta al orgulloso monarca, denuncia las “mentiras, internos y calumnias” de los adversarios; pero sutilmente por implicación, involucra al rey en el cargo de “exterminio” el gobierno de Francia había ya instituido. Así muestra Calvino que todos los gobernantes están sujetos a la crítica desde el punto de vista de la Escritura.
En su discusión sobre la libertad cristiana (Inst., III. xix), Calvino introduce la cuestión de nuestra obligación respecto de la autoridad política, ya que al haber sido liberada nuestra conciencia mediante la fe, podríamos caer en el error, con el caso de los anabaptistas más extremistas, denegar o desconocer esta obligación.
Aquí es que se encuentra la delicada e importante distinción de la doble jurisdicción a que está sujeta la persona.

También dice Calvino que el ser humano tiene dos papeles en el mundo: un espiritual, mediante el cual se instruye la conciencia en la piedad y el culto de Dios; el otro político, por el cual el hombre es instruido en sus obligaciones inherentes de humanidad y educación que deben presidir las relaciones humanas (III, xix, 15). Con esto Calvino mantiene en principio la separación entre iglesia y estado al mismo tiempo que salvaguarda la obligación civil de los cristianos.

Es necesario mantener la distinción formal entre el espiritual y lo político, por el otro lado en la práctica ambas esferas, se refuerza las ayudas mutuamente. El Estado no tiene derecho a dictar leyes a la iglesia, pero está obligado a protegerla. La religión a su vez, no teniendo como garantizar el orden moral en mundo, recurre al brazo armado del magistrado para ejercer la disciplina y mantener la calidad ética de la existencia social. Esta alianza Estado-Iglesia, propia de la herencia ligada por la cristiandad medieval, Calvino ha sido fuertemente criticado y no sin razón.

  1. El Rol del Estado frente a la Iglesia.

Juan Calvino en la Institución describe el deber del Estado frente a los cristianos en general: Promover el cumplimiento de las dos tablas de la Ley (Diez Mandamientos), guardando el honor debido a Dios y ejerciendo el juicio y la justicia en la defensa de los débiles, pobres y agraviados, sin distinción de personas. Calvino dice: “En cuanto a la segunda tabla, Jeremías amonesta a los reyes que hagan juicio y justicia, que liberen al oprimido de mano del opresor; que no engañen ni roben al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derramen sangre inocente” (IV, xx, 9).

El deber de los gobernantes es proteger y conservar la tranquilidad, honestidad, inocencia y modestia públicas (Comentario a los Romanos) y que deben de mantener la salud y la paz común. Los gobernantes deben evitar el soborno, defender al justo, auxiliar al oprimido, reivindicar al inocente y determinar castigos y recompensas con justicia. El mandato divino "no matarás" no dirá la justicia divina de la que son ejecutores; pero no debe usar de civilidad innecesaria (IV. xx. 10).

En Jeremías dice en un par de versículos dice: Adviértele a la dinastía de David que así dice el Señor: »“Hagan justicia cada mañana, y libren al explotado del poder del opresor, no sea que mi ira se encienda como un fuego y arda sin que nadie pueda extinguirla, a causa de la maldad de sus acciones (21:12). Así dice el Señor: ‘Practiquen el derecho y la justicia. Libren al oprimido del poder del opresor. No maltraten ni hagan violencia al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derramen sangre inocente en este lugar (22:3).

El sistema político debe hacer juicio y justicia. Justicia es recoger a los inocentes bajo su amparo, protegerlos, defenderlos, sostenerlos y liberarlos. El juicio es resistir al atrevimiento de los malvados, reprimir sus violentas y castigar sus delitos. Para que el Estado pueda cumplir esto, Calvino se pronuncia a favor de:

  1. La legitimidad de la pena de muerte.
  2. La legitimidad de las guerras justas contra la soberanía estatal.
  3. El buen uso de las tasas y los impuestos en beneficio de la necesidad público.
  4. El perdón de deudas a los más pobres del país.
  1. El rol de la Iglesia frente al Estado:

La sumisión de obediencia a la protesta civil, según Calvino, implica la no resistencia del C. ante la autoridad, porque el que se pone a la autoridad, a Dios mismo resiste (Ro. 13:1,2); todavía más, los particulares no deben "censurar temerariamente lo que hace el magistrado" (III. xx. 23). Es necesario agregar que el reformador abre una posibilidad para la oposición y la resistencia legítimas frente al poder civil. Se trata de la resistencia a un gobernante que ha usurpado el poder de Dios. Cuando los gobernantes han ido más allá de este límite, entonces "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 5:29). Pero el derecho de resistir no queda en manos de los particulares, sino de los magistrados menores, quienes no deberían faltar a su sagrado de defender la libertad del pueblo.
Su visión política, por ello, fue ilustrada, su actitud sobria y civilizante, su tendencia conservadora innata pero providencialmente mezclada con la orientación revolucionaria dictada por las demandas del evangelio de la gracia recién recuperado por la reforma. Las funciones de la iglesia son:

  1. Honrar y respetar a las autoridades. Tener estima a sus autoridades reconociéndolas como algo puesto por Dios.
  2. Permanecer sometida a la providencia y al poder de Dios representados en los gobernantes. Dentro de la justicia, la vocación del Estado no es diferente a la de un siervo de Dios.
  3. Orar por todas las autoridades, las buenas y malas. Calvino dice que debemos orar por los que no lo merecen, con el fin de que Dios cambie a los hombres malos en hombres buenos.
  4. Advertir a los gobernantes acerca de sus deberes y obligaciones. Se debe reconocer que se desvía a la voluntad de Dios.

HACIA UNA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DE LA IGLESIA

  1. La tarea profética de la Iglesia (Salmo 82).

El profeta en el Salmo 82 enseña que los gobernantes son nombrados para ser defensores de los que sufren y son oprimidos. Dios se alza en la asamblea divina y dicta sentencia en medio de los dioses: "¿Hasta cuándo harán ustedes juicios falsos y se pondrán de parte de los malvados? ¡Hagan justicia al débil y al huérfano! ¡Hagan justicia al pobre y al necesitado! ¡Libren a los débiles y pobres, y defiéndanlos de los malvados! "Pero ustedes no saben, no entienden; andan en la oscuridad. Tiemblan los cimientos de la tierra. Yo dije que ustedes son dioses; que todos son hijos del Altísimo. Sin embargo, morirán como todo hombre, ¡caerán como cualquier tirano!" ¡Oh Dios, disponte a juzgar la tierra, pues tú eres el dueño de todas las naciones!

El propósito por el cual el Estado lleva la espada es restringir a los malos y prevenir la violencia entre los gobernados. Los gobernantes son culpables de negligencia ante Dios sino ayudan a los que necesitan de su cuidado. Los profetas del A.T. desarrollaron toda una labor de denuncia contra la práctica opresora y de la injusticia de los reyes y príncipes de Israel y otras naciones. Jesucristo también, ejerció la tarea profética en denuncia las estructuras de muerte del imperio romano y de los profesionales de la religión, que oprimían y esclavizaban a las multitudes.

De esta forma la iglesia es una comunidad profética que habla en el nombre de Cristo, el deber de la iglesia, como lo enseña Calvino, es: reclamar del gobierno civil el fiel cumplimiento de su vocación, juicio a los malvados, corruptos, genocidas, defraudadores, etc. La iglesia debe denunciar la violencia en las calles, es las instituciones, y la impunidad de los que hacen el mal y son protegidos.

  1. Propuesta de una nueva ética política (Romanos 13:8-10).

Por eso, los que viven obedeciendo sus malos deseos no pueden agradarlo. Pero, si el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos, sino obedecer al Espíritu de Dios. El que no tiene al Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Por culpa del pecado, sus cuerpos tienen que morir. Pero si Cristo vive en ustedes, también el espíritu de ustedes vivirá, porque Dios los habrá declarado inocentes.

La misión de la iglesia es ejercer una influencia y proponer alternativas, para un cambio radical en las estructuras de muerte. Somos llamados a ser luz y sal de la tierra, a dar testimonio de un nuevo orden creado a la imagen de Cristo. El reino de Dios nos demanda a establecer una ética social que dignifique a la sociedad y humanice a las instituciones, a través de los siguientes valores:

  1. El amor, como esencia de toda elaboración y práctica de leyes, que defienden los derechos más fundamentales del ser humano, como la vida, salud, vivienda, vestido y recreación.
  2. La paz, como mediadora de los conflictos sociales, institucionales, a través de la reconciliación.
  3. La justicia, como el principio rector para toda elaboración de sistemas económicos que benefician el desarrollo de los más débiles y desprotegidos. Por lo que rechazamos todo el modelo económico que produzca riqueza en unos pocos y pobreza en la mayoría.
  4. La solidaridad, como el espíritu que elimina la exclusión de mujeres, niños, ancianos, discapacitados, indígenas, enfermos de influenza para crear una comunidad social amplia, donde todos y todas tengan un espacio digno.
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