Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

LOS PRINCIPIOS DE LA REFORMA PROTESTANTE DEL S. XVI

Comenzamos una serie de temas en conmemoración a la Reforma Protestante del siglo XVI para que sepamos porqué somos una iglesia reformada. Debemos conocer nuestros orígenes, para saber quiénes somos y qué identidad tenemos. Nuestra iglesia es presbiteriana y su origen está en la reforma protestante.

La reforma protestante fue un movimiento universal y no únicamente en el ámbito religioso, fue en todos los ámbitos: cultural, intelectual, económico, político, entre otros. La historia universal lo llama el Renacimiento. Fue un movimiento de gran trascendencia que gracias a ellos, el mundo dio un gran salto para el progreso y la modernidad. Pero lo más importante fue el movimiento espiritual que trascendió a un cambio radical del cristianismo, significó el salir de la oscuridad y de la ignorancia. Lo que dio validez a la reforma protestante, fue la Biblia. Por tanto la Reforma Protestante fue un regreso a la Biblia.

Las personas ignoraban las Escrituras, no conocían la Biblia porque estaba escrita en Latín y no estaba traducida al idioma de las demás personas. Incluso, la mayoría de los religiosos también la ignoraban o nunca la había leído. El Papa era el único que había leído la Biblia y el único autorizado para interpretarla. La ignorancia a la Palabra ocasionó diversos problemas, desvíos o corrupciones al interior de la iglesia y en el mundo entero. La ignorancia de la Biblia hizo que la gente se guiara por mitos, tradiciones y reglas rígidas que violaban los derechos de los demás. El mundo era un caos. Mira lo que dice la Palabra de Dios, Oseas 4:6 Pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido.

Efectivamente el mundo estaba perdido en su ignorancia y falta de conocimiento de la Palabra con las siguientes evidencias:

· Aumento de la adoración a los santos.

· Venta del perdón de pecados para asegurar el cielo.

· Riqueza excesiva de los clérigos.

"Post tenebras lux", después de las tinieblas la luz. Esta inscripción se ostentaba en los portales de las ciudades que se habían beneficiado de los edificantes efectos espirituales de la Reforma. Las verdades bíblicas fundamentales que volvieron a brillar e impulsar a los reformadores hacia un retorno al corazón mismo del Evangelio, se sintetizaron en lo que se llama los principios de la Reforma. Estos principios fueron expresados en cinco lemas latinas: Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus y Soli Deo Gloria.

1. Sola Scriptura (Sola la Escritura)

Esta consigna de la Reforma restauró y afirmaba la suprema suficiencia de la Escritura. En ella se encuentra todo lo que se debe creer y hacer para agradar a Dios. El canon está completo; no hay más revelación divina y autoritativa que la Escritura.

Como la única autoridad absoluta de la Iglesia, la Escritura está por encima de los pronunciamientos papales y concilios y de las tradiciones eclesiales. Ella es la infalible Palabra de Dios, la cual guía al creyente y ejercer autoridad sobre su conciencia; ella es la única regla de fe y práctica y el único juez de la enseñanza de la Iglesia. Tampoco son autoritativos las impresiones místicas y los sentimientos que surgen del corazón del hombre.

En oposición a la enseñanza de que la Escritura sólo podía ser comunicada mediante los papas, los concilios y los sacerdotes, los reformadores sostuvieron que el Dios vivo habla a su pueblo directamente y con autoridad por medio de la Escritura.

2 Timoteo 3:16- 17. Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien.

2. Sola Gratia (Solo la Gracia)

Por este principio se declara que la salvación es sólo por la gracia de Dios, es decir, por un don inmerecido que Dios da gratuitamente al pecador quien está destituido de la gloria de Dios, y quien, por naturaleza, es merecedor de la condenación.

Los reformadores rechazaron la noción Católica-romana que consideraba la “gracia” como una virtud que operaba capacitando al pecador a fin de que él pudiera producir obras meritorias las cuales le recomendaban al favor de Dios haciéndole merecedor de la salvación. Este principio asevera que la gracia salvadora no procede de las obras que pretenden ganar el favor de Dios, sino que la gracia es el favor inmerecido de Dios hacia el hombre en su estado de pecado y enemistad.

Dios salva a los pecadores por razones que se encuentran en sí mismo; la causa nunca es la obra o la fe del hombre. Dios no tiene la obligación de salvar a nadie. Si la justicia de Dios le obligara a dar gracia a toda persona, entonces no sería un don, sino un acto de justicia; si uno pudiera merecer la gracia, ya dejaría de ser gracia, sería mérito.

El pecador contrito y humillado que acude a Dios despojado de todo esfuerzo y mérito humano, es justificado gratuitamente por Dios en virtud de los meritos del sacrificio de Cristo y de su justicia que le es imputada.

Efesios 2:8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios.

3. Sola Fide (Solo la Fe)

Es una equivocación entender la naturaleza de la fe meramente como un asentimiento a doctrinas. Con respecto al papel que juega la fe en la salvación, la Iglesia Católica-romana enseña que la fe sin buenas obras no puede salvar. Es decir, la justificación del pecador es el resultado de la fe más obras meritorias.

Pero, según la Escritura, la salvación es mediante la sola fe. La fe en sí misma es un don de Dios. Este principio de la Reforma resalta la verdad bíblica que el pecador es declarado justo únicamente por la fe en la justicia de Cristo Jesús, y no como consecuencia de su fe más sus obras. Por la fe, la justicia de Cristo es imputada al pecador. La fe es el instrumento por el cual el pecador recibe, es decir, toma para sí, la justicia de Cristo, por la cual es declarado justo.

Aunque el pecador es justificado solamente por la fe en Cristo, dicha fe no existe sola, sino que es acompañada de las demás gracias cristianas que producen buenas obras.

Romanos 3:28 Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.

4. Solus Christus (Solo Cristo)

La fe no es la causa de la salvación. La base sobre la cual el pecador es salvo y justificado es sólo la perfecta justicia de Cristo Jesús. La salvación de Dios es por la gracia mediante la fe en Cristo por causa de Cristo solo.

En el sistema católico romano, el fundamento de la justificación del pecador es su justicia inherente, la cual es infundida y no imputada. Pero, la Escritura afirma que el pecador es salvo y aceptado por Dios por una justicia ajena, no la del pecador que está siendo santificado, sino por la justicia de Cristo solo.

El pecador es aceptado por Dios única y totalmente por causa de los méritos de Cristo. Sólo Cristo satisfizo la justicia divina. Sólo Cristo se ofreció a sí mismo como sacrificio sustitutivo para morir en la cruz en lugar de pecadores. Solamente Cristo pagó completamente por los pecados. Al confiar en la justicia y obra de Cristo solo, toda otra justicia es rechazada como base y causa de salvación.

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: “Maldito todo el que es colgado de un madero."*

Gálatas 3:13-14 Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa.

5. Soli Deo Gloria (Solo a Dios la Gloria)

Solamente Dios ha de recibir la gloria y el crédito por la salvación que El ha provisto en Cristo. No hemos aportado nada a nuestra salvación. Su propósito en la salvación gratuita de su pueblo es el de magnificar la gloria de su propio nombre, a fin de que su pueblo cante sus alabanzas, refleje su santo carácter en la vida y que se ocupe en llamar a las naciones a doblar sus rodillas delante del único Dios y Salvador.

Deuteronomio 5:24 El Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su majestad, y hemos oído su voz que salía del fuego. Hoy hemos visto que un simple *mortal puede seguir con vida aunque Dios hable con él.

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