Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

3. UNA IGLESIA QUE ORA PARA CRECER

Cuando las personas llegan por primera vez a la Iglesia nos dicen que no saben orar; ¡pero porqué preguntan eso, si es tan fácil! –así contestan los miembros. Cuando nos escuchan orar se sorprenden del estilo y las palabras que usamos para orar, y con justa razón dicen que no saben orar. Cuando nos piden que les enseñemos, casi siempre les decimos que es sencillo, “que orar es platicar con Dios, así cuando platicas con otra persona”. En realidad no, cuando nos dirigimos a Dios, usamos términos diferentes a los demás, casi siempre empezamos y terminamos la oración con los mismos términos. Con justa razón, las personas que se integran por primera vez a una comunidad cristiana quieren aprender a orar como los de la iglesia.

Lo mismo le pasó a los seguidores de Jesús, sus discípulos, le pidieron que les enseñara a orar como Juan el Bautista lo hizo con sus seguidores, o como otros lo hacían a sus grupos. En aquel entonces cada grupo tenía su propio estilo de hacer oración, así que habían tantos estilos y formas como grupos. Jesús criticó fuertemente el estilo y la forma de algunos grupos, incluso los calificó como hipócritas porque les encanta que la gente los viera orar, lo hacía de pie en las sinagogas y además utilizan palabras inútiles o vanas repeticiones. Por eso le piden a Jesús: “Señor enséñanos a orar”. La realidad no es que los discípulos no supieran orar, en las sinagogas enseñan a los niños a orar desde los 6 años, ya que la oración representa un elemento primordial en el culto judío. Así que los discípulos sí sabían orar, pero ellos pensaban que Jesús tenía su propio estilo y forma de orar, si iban a formar parte de su clan, tenían que tener un estilo propio en la oración. Pero Jesús no cumple con sus expectativas, porque él no nos enseña un nuevo estilo o forma de la oración, nos enseña el verdadero propósito de la oración, lo presenta como un modelo para que aprendamos el compromiso que tenemos ante su presencia. Jesús les enseña a los discípulos la actitud ante la oración y a lo que se están comprometiendo con el Padre celestial.

Padre Nuestro es el modelo que nos enseña la forma correcta de orar a Dios.

Jesús está interesado a que aprendas a orar correctamente. Fuera de este modelo, corres el peligro de pedirle al Señor de acuerdo a lo que se te vaya ocurriendo o de acuerdo a tus deleites personales. El Señor es el que te guía en la oración, el Padre nuestro es el mejor modelo para guiarnos a orar correctamente. Mateo 6:9 Padre nuestro que estás en el cielo: que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios.

La oración siempre está relacionada con el crecimiento de la iglesia.

Si el elemento más crítico del crecimiento de la iglesia es la investidura sobrenatural del poder, entonces el combustible para todo crecimiento es la oración poderosa. Esto es tan obvio que parece trivial. Sin embargo, el pastor o el miembro tienen dificultad en creer que esto es cierto. Podemos quizá decirlo de los labios para afuera. Podemos hasta creer que es la verdad, pero la práctica y los programas de la mayoría de las iglesias indican que en verdad no creemos que la oración sea necesaria para el crecimiento genuino de la iglesia.

Considere el culto típico de oración en nuestras iglesias. Ha llegado a ser un poco más que un recital de “órganos”, letanía de oraciones por los órganos del cuerpo que están fallando: “El hígado de la tía Susana, los pulmones del tío Juan, los riñones de Federico.” No estoy haciendo chiste de la oración intercesora por la sanidad divina para los males físicos. Sin embargo, la verdad es que pasamos más tiempo orando por los santos moribundos (quienes están preparados para morir e ir al cielo), tratando de detenerlos más tiempo aquí en la tierra, que el tiempo que invertimos orando por los pecadores para que no vayan al infierno. Hay poca pasión en nuestras oraciones y poca confianza en su eficacia. Podemos opinar en forma distinta, pero el poco tiempo invertido en la oración y los pocos que asisten a los cultos de oración dicen lo contrario.

Cuando nos enfrentamos a algún obstáculo para nuestro crecimiento, nuestro primer pensamiento gira hacia los programas, métodos y modelos. Estamos seguros de que un mejor programa de visitación a los miembros en perspectiva daría resultados en lograr más bautismos. Si pudiéramos lograr que la gente cantara coritos, eso atraería a los modernos. Si tuviéramos más dinero, dispondríamos de mejores medios y equipos, un nuevo autobús..., y la lista no tiene fin, de los aparatos y los equipos que creemos necesarios para que la iglesia crezca. Los métodos y estrategias, así como los programas son buenos en la iglesia, pero ninguno garantiza el crecimiento. Una iglesia no sobrevive por mucho tiempo si no tiene estos elementos, pero no podemos depender de la fuerza humana y la metodología para hacer que la iglesia crezca. En realidad, lo único que garantiza el crecimiento de la iglesia, se encuentra en la investidura sobrenatural del poder de Dios, y para lograrlo, uno de ellos es el poder de la oración.

En la actualidad centenares de iglesias han tratado de descubrir el crecimiento de las iglesias de Corea, y por eso imitan sus métodos y estilos de trabajo. Estas actividades pueden ser dignas de imitar, pero el secreto de su crecimiento no está en la eficacia de sus instrumentos, sino en algo que va más allá de esto. Cuando los pastores de Corea recibieron la visión de un gran crecimiento de la iglesia, lo primero que hicieron fue, orar durante más de 20 años. El crecimiento de las iglesias en Corea o la cosecha evangelística extraordinaria se basa en su dependencia en la oración.

Muchos coreanos llegaban temprano o de madrugada a una montaña a orar. La historia de la iglesia se resume en algo común en todo crecimiento de la iglesia en cada generación: la oración, concertada, enfocada y sobrenatural, es la clave. Los métodos y los modelos tal vez varían, pero la oración ha sido y será constante.

Hechos 2:41-42 Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Como puedes ver, la oración es un factor determinante en la iglesia, no puede haber crecimiento sin oración, no puede haber sanidad sin oración. Quieres ver a tu iglesia crecer, necesitan como grupo ponerse a orar. Quieres ver tu vida desarrollada profesionalmente, afectivamente, académicamente en tu vida, necesitas una vida de oración.

Las promesas de oración en la Biblia son muy claras, y todas ellas está relacionadas en crecimiento de algo, no solamente lo cuantitativo o número, son más en lo cualitativo, en valores, en principios, en metas, en éxito. Observa alguna de ellas:

- Juan 15:7 “Si ustedes siguen unidos a mí y obedecen todo lo que les he enseñado, mi Padre les dará todo lo que pidan.”

- 1 Juan 3:22: “y él nos dará todo lo que le pidamos, porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.”

- Filipenses 4:13 “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones.”

- Juan 15:5 “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada

¿Cuánto se puede lograr por medio de la investidura sobrenatural del poder de Cristo? ¡TODAS LAS COSAS! ¿Qué se puede lograr si no hay la investidura sobrenatural de Cristo? ¡NADA! No es que estemos capacitados para lograr algunas cosas sin la oración; es que no podemos lograr nada sin la oración. ¿Será posible, entonces, formular un patrón específico de oración por el crecimiento de la iglesia hoy en día? Veamos entonces, las maneras en cómo debemos orar para garantizar el crecimiento de nuestra iglesia.

  1. Oramos por los que no conocen de Cristo.

Si quieres ver crecimiento en la iglesia, debemos empezar a orar por los que no están en este lugar, imagínate en las personas que podrían ocupar un lugar en nuestra comunidad de fe. Observa las bancas que no está ocupadas, imagínate que las personas que las van a ocupar. Debes de verlas y declarar por fe que estarán. El primer paso para hacer que vengan a ocupar los asientos es orar por ellos, sobre todo por los que creerán en Cristo, por lo que iniciarán una relación con Jesús. Ora por esas personas, incluso de manera específicamente y por nombre, porque seguramente conoces a muchas personas que deberían estar en este lugar. La Biblia nos enseña a que oremos por muchos podrían llegar a ser cristiano, sobre todo las personas que ejercen una autoridad en la sociedad, para que las condiciones de paz reinen, y que el evangelio sea esparcido.

  1. Oramos por los que comparten la Palabra de Dios.

Una cosa es orar por los que no conocen a Cristo, por los que llegarán a la iglesia y ocuparán el asiento a tu lado; y otra cosa es orar por los van a compartirles. Dice el texto de Pablo en Romanos 10:14-15 Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: «¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas! Tú deber es orar por ti y por otros que cumplirán con la misión de Jesús de predicar el Evangelio de Cristo a toda persona. La razón de orar por ellos, es que Dios les ponga palabras en su boca para hablar, sabiduría para responder, paciencia para el rechazo, sagacidad para aprovechas las oportunidades, prudencia para esperar, valor para dar el paso. En el modelo de Antioquía vemos a una iglesia ora y encomienda a los que cumplirán la misión de Jesucristo en la tierra. Uno de ellos fue Pablo, quien predicó a miles de personas durante su vida, Hechos 13:3 Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron. Dios puede levantar proclamadores, pero sólo por la oración de todos.

  1. Oramos para que todo creyente comparta de Dios.

Es muy similar al anterior. La misión de la iglesia es predicar el Evangelio a todas las personas, por eso oramos. Pero la realidad es que no todos lo hacen, no todos los cristianos van por los vagones del metro predicando, o en una plaza, o en un auditorio, o en un estadio de futbol. Sin embargo, todos sin excepción podemos compartir de Dios. Podemos hablar a las personas de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Eso lo puedes hacer en una charla informal de café, cuando alguien se enteró que tuviste un problema muy fuerte en tu vida, cómo saliste de ello; es la oportunidad para compartir la manera en cómo Dios movió las cosas para que salieras librado de ese problema. Tu deber es hacerles saber a las personas de tu alrededor, a tus contactos, a tus familiares lo que Dios ha hecho en tu vida, cómo te ha bendecido, de la enfermedad que te libró, de la recuperación de tu pérdida. Por eso como iglesia debemos orar para que todo miembro comparta de Dios. Intercede para que todo miembro de la iglesia viva de una manera digna de su llamado y que se mantenga un espíritu de unidad. Un ejemplo lo tenemos en Colosenses 1:9 Por eso, desde el día en que lo supimos no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual.

Es una necesidad urgente para el crecimiento de nuestra iglesia, el que todos seamos como un ejército que comparta de Dios, porque hay demasiadas personas que no saben hacer de sus vidas, hay demasiadas personas que no tienen un propósito, que no tienen una esperanza, así lo dice Mateo 9:37-38 «La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.»

  1. Oramos para que nuevas personas lleguen a la Iglesia.

El último versículo que leímos es que debemos pedir que Dios siga enviando embajadores a su obra. También es importante orar para que el Señor siga enviando personas a nuestra iglesia. Qué pasa cuando pasan meses, incluso, años, en que no se para ningún visitante en las iglesias; donde las personas en una comunidad son las mismas, quiere decir que ese grupo no tiene una vida de oración. Nuestra iglesia cada vez se estructura mejor para recibir a nuevos, y gracias a Dios porque cada domingo alguien nos visita. Pero no debemos acostumbrarnos a la comodidad de que las personas lleguen solas, es necesario orar para que el Señor siga trayendo personas a nuestra comunidad, y no sólo eso, también que se queden y ellos traigan a otros.

Pastor Alberto Arenas Mondragón.

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