Somos la Iglesia Nacional Presbiteriana "Gethsemaní", una comunidad renovada por el Espíritu Santo y formada por creyentes que desean servir a Dios y a la comunidad que nos rodea. Esta Iglesia es un huerto de descanso, paz y consolación para ti y todo aquel que lo necesite.

5. UNA COMUNIDAD DONDE TODOS SE AMAN

Las iglesias sanas están comprometidas a la edificación de las relaciones de comunidad. Nunca vamos a edificar una comunidad fuerte y firme si permitimos que las personas que la integran permanezcan indiferentes uno con otros, sin relación. Tienen que llegar a ser miembros de la familia. La iglesia tiene la oportunidad para alcanzar y congregar multitudes de personas que sufren por el dolor y la soledad, el secreto es llegar a ser una familia, una comunidad donde hemos sido llamados a ser espacio familiar. Pero el mundo no se impresionará por nuestra retórica sobre la familia; tiene que ver el amor de Dios modelado en una comunidad de creyentes que se aman, que son auténticos y que contraen un compromiso con la comunidad.

Nuevamente el revisar la iglesia modelo, Antioquía, podemos aprender mucho del compañerismo y solidaridad de los hermanos sobre los creyentes que habían sufrido la fuerte hambruna en Jerusalén. La familia de Antioquía se organizó para atender las necesidades materiales de los hermanos. Este gesto es amor y solidaridad, y esto producía mayo crecimiento de la membrecía. Por tanto, existen una correlación muy cercana entre crecimiento sano de la iglesia y relaciones sanas de la comunidad.

Cuando existen malas relaciones entre los miembros de la iglesia hay estancamiento y decrecimiento. Las relaciones sanas garantizan el crecimiento, porque el principio de todo crecimiento se llama amor, donde hay amor, hay crecimiento, hay desarrollo, hay renovación. Sólo las envidias, los pleitos, las divisiones ponen en peligro la permanencia de la comunidad familiar.

¿Cómo podemos considerar que una iglesia es sana y está creciendo, si no manifiesta una actitud de amor, solidaridad, preocupación y afecto por los demás y sobre todo por las necesidades más amplias de la familia de Dios?

El crecimiento de la iglesia requiere de un pacto de compromiso de los miembros para crear relaciones sanas 1 Tesalonicenses 5:15 No permitan que ninguno tome venganza del que le hace mal. Al contrario, deben esforzarse por hacer el bien entre ustedes mismos y con todos los demás.

La relación final es la de la iglesia con el mundo. Se hizo referencia a esto en

Cuando Pablo animó a los de Tesalónica para procurar lo bueno los unos para con los otros y para con todos. Nuestra relación con el mundo tiene que ser una de compasión redentora. El mayor bien que podemos hacer por medio de la palabra y de los hechos es presentar a la gente que está en el mundo la oportunidad de decidir recibir a Cristo y entrar en una relación redentora con la familia de Cristo. Esto abarcará una preocupación sobre problemas sociales y una pasión evangelística.

  1. La iglesia como espacio de cuidado mutuo.

Pablo presentó un modelo de la preocupación que se requiere para vivir en familia. Al escribir a los Tesalonicenses, declaró: 1 Tesalonicenses 2:8 “Tanto los amamos y queremos que no sólo les habríamos anunciado la buena noticia de Dios sino que, de haber sido necesario, hasta habríamos dado nuestra vida por ustedes.” El amor de Pablo requería que él compartiera su vida. No podemos dar cuidado a la familia sin primero darnos a nosotros mismos. El amor que se requiere para el cuidado mutuo se describe bien en 1 Corintios 13.

Es el amor sacrificial que es el fruto del Espíritu Santo. No se puede producir por esfuerzos humanos, pero se experimenta por medio de la entrega al Espíritu de Dios.

Nuestra preocupación familiar nos hará odiar lo malo y aferrarnos a lo bueno. El sentido de comunidad o iglesia no llevará a cuidarnos unos a otros, somos responsables unos de otros, por el hecho de pertenecer a una familia espiritual, tenemos el deber de cuidarnos unos a otros, de protegernos, porque Dios pedirá cuentas de nuestra acción en relación a otros.

El cuidado mutuo tiene que ser práctico, incluyendo las expresiones físicas, tales como contribuir a las necesidades de los santos y practicar la hospitalidad. Piensa en los actos sencillos de atención, tales como las notas, las cartas y las llamadas telefónicas que abundan en la familia que tiene cuidado de sus miembros. Nuestra iglesia fue organizada para manifestar el cuidado y protección a los demás, por eso somos un huerto de paz, un huerto de amor y solidaridad.

El cuidado de la familia es esencial en una comunidad cristiana sana. Cuando nuestras iglesias comienzan a expresar una preocupación mutua, vamos a ver que las familias llegan a ser más y más fuertes y más vitales. Pocas personas abandonarán una iglesia que está demostrando la compasión dentro de la familia. Los no creyentes serán impactados por nuestro amor. Es una realidad que a la persona secular no le importa lo que uno cree, hasta que se convence de que nos interesamos por ella.

  1. La iglesia como espacio de relación sanas.

No podemos edificar las sanas relaciones familiares sin la inversión de tiempo y esfuerzo. El desarrollar relaciones humanas requiere trabajo arduo. El mantener las relaciones sanas en esta familia es trabajo de tiempo completo. La familia en la iglesia es mucho más grande y más compleja, porque se compone de miembros nacidos de nuevo en Cristo, que vienen de fondos culturales, raciales y sociales muy diferentes.

Algunos en la iglesia han tenido experiencias muy normales en el grupo familiar de sus iglesias. Otros han tenido experiencias tristes porque han estado en grupos familiares problemáticos como iglesias. Cada persona tiene sus propios intereses y necesidades. Cuando la familia de la iglesia tiene un número grande de cristianos recién convertidos, descubrirá que su tarea de atenderles es más intensa.

El tiempo con la familia es precioso y debe ser utilizado para celebrar, nutrir y fortalecer las relaciones. Para que la familia sea una realidad, la estructura de grupos pequeños de su iglesia debe ser fortalecida.

Cada iglesia debe luchar para que el ciento por ciento de los que asisten a los cultos también formen parte de una clase del CEBID o una célula. Puesto que muchos de los visitantes a los cultos asistirán solamente por un período corto de tiempo, el cien por ciento probablemente no es número realista. Si la asistencia en los grupos pequeños cae por debajo del 75 por ciento de los que asisten a los cultos, debemos tomar medidas para mejorar la calidad del cuidado que se provee en los grupos pequeños. Puede atraer a personas por medio de cultos grandes de celebración, pero no puede edificar un espíritu familiar solamente con los cultos.

  1. La iglesia como espacio donde abunda la generosidad.

Cuando la iglesia en Antioquía escuchó del hambre que afectaba a los creyentes en

Judea, cada uno de los discípulos decidió mandar una ofrenda para ayudar a los hermanos, Hechos 11:28-30 Uno de ellos, llamado Agabo, recibió la ayuda del Espíritu Santo y anunció que mucha gente en el mundo no tendría nada para comer. Y esto ocurrió en verdad cuando gobernaba en Roma el emperador Claudio. Los seguidores de Jesús en Antioquía se pusieron de acuerdo para ayudar a los cristianos en la región de Judea. Cada uno dio según lo que podía. Bernabé y Saulo llevaron el dinero a Jerusalén y lo entregaron a los líderes de la iglesia.

Cuando una iglesia comienza a crecer, se encarará al fin y al cabo con desafíos a su generosidad. Si las personas pierden su espíritu de generosidad, el crecimiento se verá afectado y al fin se detendrá.

Tal vez usted habrá escuchado o aun dicho palabras como las siguientes: “No entiendo por qué ponemos tanto énfasis sobre el evangelismo; no conozco a todos los que asisten ahora. ¿Para qué buscar a más personas cuando no tenemos inscritos ni la mitad en la lista de miembros ahora?” “Si crecemos más, vamos a perder nuestra intimidad.” “No creo que sea posible comprar más terreno, construir más, o contratar a más personal ahora.” “No debemos considerar aumentar otra escuela dominical o culto de adoración; eso requeriría demasiado trabajo y afectaría nuestro compañerismo.”

  1. La iglesia como espacio donde enseña y modela valores.

La gran mayoría de mis valores personales los aprendí en el contexto de mi familia. A veces estos valores se enseñaban por instrucción verbal, pero principalmente los aprendí por medio de la observación y la imitación.

Si queremos enseñar el amor, el servicio, el compartir con otros, la humildad, la mayordomía y otros valores familiares, estos tienen que llegar a formar parte de nuestra conversación y comportamiento en familia. Me temo que hayamos con frecuencia divorciado el servir y el ofrendar del contexto de la familia, y por consiguiente, se consideran deberes para cumplir y no valores que compartimos en la familia entera. Cuando un miembro de la familia no cumple con sus responsabilidades, toda la familia sufre los efectos. Filipenses 3:17 Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado.

  1. La iglesia como espacio donde la disciplina es aplicada con amor.

La disciplina se ha entendido como una forma de castigar las malas conductas, pero en realidad la disciplina es un conjunto de intentos por ayudar a la persona a encontrar el camino de donde se equivocó. El no aplicar la disciplina, la comunidad se convierte en un ambiente relajado y sin límites. ¿Qué puede hacer alguien que se sienta dañado por otra persona en la iglesia? La propuesta de Jesús es tan certera que nuestra Disciplina en la Iglesia Presbiteriana que descansa sobre lo siguiente, Mateo 18:14-17 »Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado.

La disciplina en la iglesia siempre incluirá la afirmación y la corrección. Las personas aprenden por medio de la afirmación y son encauzadas por medio de la corrección. La mayoría de la disciplina de la iglesia será llevada a cabo por medio de la enseñanza correcta y completa de la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17). No podemos comprometer las enseñanzas de la Palabra de Dios si hemos de edificar iglesias fuertes llenas de cristianos maduros.

La disciplina correctiva debe ser aplicada solamente cuando es absolutamente necesaria, y tiene que ser dirigida hacia la corrección, no al ostracismo y al castigo. Debe ser acompañada siempre con la instrucción clara y ser aplicada en el contexto del amor y la seguridad de la familia.

Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón

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