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8. EL LÍDER Y LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS

Seguimos con los mensajes de La Eficacia del Liderazgo, con el propósito que te prepares para ejercer una labor de influencia en los demás. Recuerda que el liderazgo lo puede aplicar en tu área laboral, en la iglesia, en la comunidad y en los lugares donde Dios te pongas y seas un factor de influencia.

En esta ocasión el liderazgo lo veremos desde la perspectiva del liderazgo en el modelo de Nehemías. El libro de Nehemías es un texto que nos muestra en toda la historia de la restauración de los muros de Jerusalén, las características de todo líder y sus funciones. Las actuales teorías del liderazgo presumen de ser innovadoras, pero 2500 años antes Nehemías ya las había puesto en práctica.

La historia de Nehemías, nos sirve como un paradigma de liderazgo cristiano, movió a toda una generación de su época para alcanzar un solo objetivo, intervinieron desde campesinos hasta reyes, todos movidos por un copero.

Como parte del liderazgo, una de las cosas que debes de aprender es resolver problemas, por lo general los evadimos o los evitamos, pero no estamos acostumbrados a enfrentarlos, cuál es la mejor manera de resolver los problemas. Existen varias alternativas de solución y también métodos. Nehemías utilizó un método eficaz para resolver problemas, ese método hoy se le conoce como Póyla, en memoria de George Polya nació en Hungría en 1887, que estableció métodos matemáticos. Por lo cual, usaremos el modelo de esta matemático para ilustrar el método de resolución de problemas de Nehemías.

Pasos que un líder necesita para resolver un problema.

(Cómo usar el Método Póyla en el Caso de Nehemías, cp. 5)

1. Comprender el problema.

Cuando el enemigo ataca tu liderazgo, usa la burla, el desaliento y los peligros. Pero eso no es todo. La siguiente línea de ataque también incluye los conflictos internos; la división y la discordia son armas que usan las personas para luchar entre sí, y solo las vuelven ineficaces. Lamentablemente no se pueden desconocer, pues el simple hecho de trabajar con personas que se relacionan entre sí, tiende abrir la posibilidad de generar conflictos.

El sabotaje interno es uno de los peores problemas a los que se puede enfrentar un líder. ¡Eso es traición!; a Satanás le encanta dividir, le gusta desarmonizar.

Cuando Nehemías y el pueblo llevaba semanas trabajando apareció el primer problema interno: abandonaron las huertas y por tanto la comida comenzó a escasear. Los hombres y las mujeres del pueblo protestaron enérgicamente contra sus hermanos judíos, pues había quienes decían: si contamos a nuestros hijos y nuestras hijas ya somos muchos. Necesitamos conseguir trigo para subsistir (Nehemías 5:1-2). Había demasiadas bocas que alimentar y la comida no era suficiente; tenían inflación, precios elevados y escasez de alimentos.

La situación se tornó delicada pues por conseguir trigo para no morirnos de hambre, hemos hipotecado nuestros campos, viñedos y casas (Nehemías 5:3). Pero pasados los días, la situación se volvió grave, pues había también quienes se quejaban: tuvimos que empeñar nuestros campos y viñedos para conseguir dinero prestado y así pagar el tributo al rey (Nehemías 5:4). Y por si fuera poco, el problema se tapizó de crítico, ya que aunque nosotros y nuestros hermanos somos de la misma sangre, y nuestros hijo y los suyos son iguales, a nosotros nos ha tocado vender a nuestros hijos e hijas como esclavos. De hecho, hay hijas nuestras sirviendo como esclavas, y no podemos rescatarlas, puesto que nuestros campos y viñedos están en poder de otros (Nehemías 5:5).

El panorama no era halagador: tenían escases de alimentos, habían pignorado las casas, campos y viñeros, tenían una carga tributaria implacable, y estaban vendiendo a sus hijos como esclavos para sobrevivir. Una situación muy caótica, pero realmente el problema estaba en que “los hombres y mujeres del pueblo protestaron enérgicamente contra sus hermanos judíos”. Se estaban quejando entre ellos mismos. Los judíos ricos estaban explotando a los pobres en un tiempo de crisis; estaban aprovechando el infortunio de los pobres para levantar un capital, a tal punto de recibir a sus hijos en venta, como esclavos. Se estaban explotando entre sí. Aún cuando en Éxodo 2:25 tenían prohibido prestar dinero a interés a sus hermanos judíos, estaban cobrando réditos altos, tanto que no podían pagar las deudas. Realmente el conflicto que se presentó fue entre los que tenían y los que no tenían. ¡Era un sentido manifestado de egoísmo!

De todo esto podemos sacar el principio: la raíz de los conflictos internos y la discordia siempre está en el egoísmo. Bien lo decía Jesús: “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?” (Santiago 4:1). Los conflictos internos en un grupo siempre tienen que ver con el egoísmo.

Cuando hay una discordia entro lo que yo quiero y lo que tú quieres, tenemos un problema, y ese problema, si no se resuelve termina en conflicto y en división. Los conflictos sin resolver detienen la obra del Señor en nuestra vida, en el negocio, en el matrimonio, en la iglesia y en cualquier lugar donde haya personas que se relacionan entre sí. El líder tiene que aprender a resolver los conflictos.

Trabajar con gente es la mayor satisfacción para un líder y también su mayor frustración. Todo porque lastimosamente la gente tiende a ser egoísta; queremos las cosas a nuestra manera. Queremos hacer lo que me importa

Reflexión: Por el hecho de estar dedicados al ministerio o a desarrollar la obra de Dios, no quiere decir que el líder no debe enfrentar problemas comunes, ataques de los enemigos y conflictos internos; tal vez no sepa siempre exactamente por qué ocurre, pero sí puede entender que el propósito de Dios es que crezca. ¿Cómo considera que el líder deba enfrentar los conflictos internos?

Además de los ataques externos, Nehemías tuvo que soportar los conflictos internos. Todo el proyecto podía quedar destruido y los muros no se reconstruirían nunca. Los judíos se estaban explotando unos a otros, peleando unos contra los otros y familias contra familias. Aquello era peor que pelear contra un enemigo.

2. Establecer alternativas de solución.

En la vida siempre habrá problemas, donde quiera que haya influencia en los demás, habrá problemas, aun que seamos un grupo muy unido, es muy seguro que surgirán conflictos internos que finalmente termina debilitando el grupo. El líder debe estar atento ante esta sintomatología y actuar de inmediato para contenerla.

El propósito de las problemáticas es aprender cómo enfrentar el conflicto, y buscar las mejores alternativas, retomando la experiencia de Nehemías, Cuando oí sus palabras de protesta, me enojé muchísimo (Nehemías 5:6). Como líder, si ve que la armonía del grupo es amenazada, debes enojarte. El papel como líder es el de proteger la armonía. Nehemías no pasó por alta el problema que está dividiendo a su equipo; se lo tomó en serio. Pero Si se enojan, no pequen (Efesios 4:26a). Dios consiente que podamos enojarnos. De hecho, el Señor Jesús se enojó. El asunto es no pecar. Cuando vea la falta de armonía causada por el egoísmo, como líder lo mejor que puede hacer es enojarse.

Nehemías no estaba enojado por algún daño o injusticia contra su persona. No estaba devolviendo el golpe porque lo habían herido en su ego; él no estaba motivado por una revancha. Nehemías se enojó por el egoísmo y la explotación por parte de los ricos. Estaba furioso al ver que el oportunismo y la codicia podía detener todo el proyecto de la reconstrucción de los muros.

Muchos cristianos hemos perdido la capacidad de sentir ira; hemos caído en lo que se denomina «fatiga de compasión» por el hecho de acostumbrarnos a ver la explotación, las mentiras, las trampas, el robo, la manipulación; tomamos como normal la proliferación de falsas doctrinas y las toleramos; peor aún, aceptamos las divisiones en las iglesias.

Piensa antes de hablar. Y después de reflexionar, reprendí a los nobles y gobernantes (Nehemías 5:7). En una versión parafraseada esto se puede leer: “Después de pensarlo, hablé con los ricos funcionarios del gobierno”. La palabra hebrea reflexionar significa literalmente «consulté conmigo mismo».

La reacción de Nehemías fue enojarse, pero sostuvo una larga charla consigo mismo antes de actuar; buscó un lugar y momento para estar a solas con Dios, oró acerca de la situación y reflexionó mucho sobre ella y buscó las mejores alternativas de solución. Algunas veces, el líder necesita conversar consigo mismo, en lugar de reaccionar con ira y enojo y empeorar la situación. Después de enojarnos necesitamos comprender qué provocó la ira. Y la mejor forma es dedicar tiempo para reflexionar y buscar soluciones.

Tenemos que reaccionar frente a crisis internas del grupo. Una de las maneras es enojándonos mucho, no contra las personas, sino contra la situación ocurrida. Y después es buscar por lo menos tres alternativas de solución, Nehemías, después de haberse indignado por la situación, reflexionó sobre cómo solucionaría estos problemas internos, qué acciones debería de tomar para aplicarlas; por supuesto, que Nehemías era un líder con visión y con madurez y sabiduría amplia, así como lo dice Pablo En cuanto a vosotros, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que vosotros estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también de amonestaros los unos a los otros (Romanos 15:14 BLA)

3. Aplicar la alternativa más indicada.

Cuando haya un problema que necesite una solución, ve directamente a la fuente. No pierdas tiempo tratando de buscar en otras personas la explicación. Fue lo que hizo Nehemías:“..después de reflexionar, reprendí a los nobles y gobernantes: ¡es inconcebible que a sus propios hermanos les exijan el pago de intereses!” (Nehemías 5:7); los acusó de prestamistas usureros. Estaba muy enojado, pero después de haber orado y haber pensado bien, fue directamente a los que estaban ofendiendo a Dios.

Cuando hay una situación crítica lo mejor es aplicar la mejor solución del problema, en el caso de Nehemías fue el confrontar el problema con la persona indicada. Hay una recomendación clara que hizo el Señor Jesús: si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que todo asunto se haga constar por el testimonio de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado” (Mateo 18:15-17). En la reprensión está implícito el amor. Para ser como Jesús y actuar como Nehemías necesitamos amar incluso a los que ofenden; lo buenos es que no necesitamos tratarlos como si fueran familia. Esa es la diferencia entre aceptación y aprobación.

En cuanto al grupo o equipo que lideras, ve primero a la persona que está causando el problema; si no funciona, lleva a otra persona que sirva de testigo o mediador; pero si no funciona, entonces involucra al grupo mayor. Pero no olvides: primero hay que ir a la persona incitadora; no comentes el problema con otros y mucho menos difames de la persona; haciendo esto, ya has pecado.

A nadie le gusta el enfrentamiento con otras personas; no es agradable causar o sentir sentimientos negativos, sin embargo, algunas veces es necesario. Así, pues, el enfrentamiento es un paso que se debe tomar por el bien de todos. Si no se desafía el problema con la mejor alternativa, empeora; si no enfrentas de inmediato, pasado el tiempo más valor necesitará.

Muchas veces en las oficinas el gerente no enfrenta el conflicto, o demora mucho, y la persona enredadora y sus venenosas actitudes se apoderan de todo el grupo. En una familia, si no se disciplina a tiempo a los hijos, la moral del hogar se destruye. El amor fuerte exige que nos enfrentemos en privado con la persona que ha cometido la ofensa.

El principio para aprender es que los líderes deben tener el valor y el amor para afrontar el conflicto y aplicar soluciones. Ser líder exige valentía. Estamos llamados a soportar a las personas pero a rechazar las malas actitudes; y cuando hay que enfrentarlas hay que hacerlo con decisión pero con amor.

El que cause divisiones, amonéstalo dos veces, y después evítalo. Puedes estar seguro de que tal individuo se condena a sí mismo por ser un perverso pecador (Tito 3:10-11). Incluso para tratar el tema con la persona difamadora o generadora del conflicto debemos tener una estrategia. ¿Cuáles considera pueden ser los pasos que debemos dar para confrontar con la persona el conflicto?

4. Analizar los resultados.

De Nehemías sacamos una gran lección: guiaba a los demás por medio de su ejemplo. Era el fundamento de su liderazgo. Cuando pidió al pueblo de Jerusalén que reconstruyera los muros, salió con ellos a trabajar; cuando les pidió que oraran, ya él había estado orando; cuando les pidió que trabajara de noche y de día para acabar el trabajo, el también se quedaba de pie noche y día trabajando; cuando les pidió que ayudará a los pobres, ya él lo estaba haciendo. Al aplicar la solución más indicada demostró con su ejemplo que sí funcionaba la alternativa.

Aún cuando Nehemías por su condición de gobernador tenía derecho a una manutención, nunca se la tomó; al contrario, utilizó sus riquezas personales como aporte a la obra de la reconstrucción. Nehemías fue modelo de generosidad. Tuvo el cuidado de escribir esto al final del informe, con el fin de hacer una comparación entre los conflictos y el egoísmo. El egoísmo es la fuente de todos los conflictos.

El principio para aprender es que los líderes solo piden a los demás que hagan lo que ellos ya están haciendo. ¿Puede estar seguro que su ejemplo es inspiración para todos los miembros del equipo?

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