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LAS MUJERES, ¿INCLUIDAS O EXCLUIDAS?

El tema de las mujeres sigue siendo un punto de partida para reflexionar sobre diversos aspectos y problemáticas que siguen ocurriendo en distintos espacios. En el arranque de la serie de temas sobre “El fortalecimiento y acompañamiento de la familia”, abordaremos varios temas de interés en la actual sociedad y modernidad. Pero no los abordaremos desde las perspectivas o filosofías de la vida pública, ni necesariamente como punto de partida, las teorías psicoterapéuticas. Comenzaremos siempre nuestro análisis desde los fundamentos bíblico-teológicos de la familia y el matrimonio; esto no excluye que pidamos ayuda a las diversas disciplinas científicas que sin duda, nos iluminarán para su mejor comprensión y tratamiento de los temas.

Tratando de responder a la pregunta del título del primer mensaje, tendríamos que preguntarnos: ¿incluidas o excluidas de qué cosa? Pero esta segunda pregunta parecería que da por hecho que no hay evidencia sobre la exclusión. Así también deberíamos preguntarnos si realmente hay una inclusión en las diferentes esferas de la vida.

1. Excluidas en la historia.

Sin duda, la exclusión es un hecho histórico que nunca nos vamos a sacudir, hay distintas formas de exclusión, por cuestiones económicas, culturales, étnicas, religiosas, políticas, por género. Este último es el más evidente, porque se combina con los anteriores. La exclusión de la mujer se transforma en violencia. El que haga un acto de exclusión en la mujer sobre cualquier causa, es un acto de violencia.

Existen varios tipos de violencia contra la mujer:

I. Violencia Psicoemocional: Toda acción u omisión dirigida a desvalorar, intimidar o controlar sus acciones, comportamientos y decisiones, consistente en prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, insultos, amenazas, celotipia, desdén, indiferencia, descuido reiterado, chantaje, humillaciones, comparaciones destructivas, abandono o actitudes devaluatorias, o cualquier otra, que provoque en quien la recibe alteración autocognitiva y autovalorativa que integran su autoestima o alteraciones en alguna esfera o área de su estructura psíquica;

II. Violencia Física: Toda acción u omisión intencional que causa un daño en su integridad física;

III. Violencia Espiritual: Toda acción u omisión intencional que causa un daño en su integridad espiritual dentro de la iglesia o la religión que libremente haya escogido para desarrollarse amplia y libremente en su derecho de libertad de conciencia, así también para participar de todos los beneficios espirituales, cargos, comisiones, oficios y otros contemplados en la religión;

IV. Violencia Patrimonial: Toda acción u omisión que ocasiona daño o menoscabo en los bienes muebles o inmuebles de la mujer y su patrimonio; también puede consistir en la sustracción, destrucción, desaparición, ocultamiento o retención de objetos, documentos personales, bienes o valores o recursos económicos;

V. Violencia Económica: Toda acción u omisión que afecta la economía de la mujer, a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, en la restricción, limitación y/o negación injustificada para obtener recursos económicos, percepción de un salario menor por igual trabajo, explotación laboral, exigencia de exámenes de no gravidez, así como la discriminación para la promoción laboral;

VI. Violencia Sexual: Toda acción u omisión que amenaza, pone en riesgo o lesiona la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la mujer, como miradas o palabras lascivas, hostigamiento, prácticas sexuales no voluntarias, acoso, violación, explotación sexual comercial, trata de personas para la explotación sexual o el uso denigrante de la imagen de la mujer;

VII. Violencia contra los Derechos Reproductivos: Toda acción u omisión que limite o vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y voluntariamente sobre su función reproductiva, en relación con el número y espaciamiento de los hijos, acceso a métodos anticonceptivos de su elección, acceso a una maternidad elegida y segura, así como a servicios de atención prenatal, así como a servicios obstétricos de emergencia.

VIII. Violencia Feminicida: Toda acción u omisión que constituye la forma extrema de violencia contra las mujeres producto de la violación de sus derechos humanos y que puede culminar en homicidio u otras formas de muerte violenta de mujeres. (http://www.relacionesconstructivas.org/index.php?option=com_content&view=article&id=21&Itemid=40 )

Como puedes ver, cada una de este tipo de violencia tiene la finalidad de excluir a la mujer de cualquiera de sus derechos en cualquier área de la vida. A lo largo de la historia de los derechos humanos, los que más difíciles han sido por conquistar son los de las mujeres. En 1953 se logró que las mujeres tengan el derecho del voto.

En México, según la ENDIREH (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares) 2003 y la ENDIREH 2006. Las prevalencias de los tres tipos de violencia –la sexual, la emocional y la económica- en 2006 presentaron un descenso significativo respecto a las registradas en 2003. La violencia sexual pasó de 7.8% a 6%; y tanto la violencia emocional como la económica bajaron de 35.4% a 26.6% y de 27.3% a 20.1%, respectivamente. En contraste, la prevalencia de la violencia física se incrementó de 9.3% a 10.2%. (Castro, Casique y Serrano, 2008:69)

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Las estadísticas muestran que de los cuatro tipos de violencia contemplados en la ENDIREH 2003, la más alta por el número de mujeres que así lo declararon fue la emocional con 7 474 242 mujeres, es decir 38% del total de mujeres de 15 años y más con pareja residiendo en la misma vivienda. La violencia emocional, además de estar presente en las otras categorías, es la única que puede presentarse de manera aislada. Esta constituye en sí un proceso real de destrucción moral que puede conducir a la enfermedad mental o incluso al suicidio. (ENDIREH, Marco Conceptual:17) Además su identificación es la más difícil de percibir ante el uso de metáforas y la «ausencia de evidencias».

Catalogar los diferentes tipos de violencia y definir sus límites, constituye un problema que sugiere en ocasiones soluciones un tanto relativas en su medición, debido a la interrelación que existe entre estos, ejemplos claros son la violencia física o sexual que impacta de manera directa en las emociones de las mujeres. Por su parte, la violencia emocional puede causar problemas de salud –psicofísicos– ante la somatización inconsciente de gestos y palabras hirientes.

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Las normas y valores que se trasmiten a hombres y mujeres a través de las instituciones sociales, familia, escuela, iglesia y medios de comunicación, influyen en la percepción de la violencia familiar como un asunto privado y a fin de cuentas justificable debido a la “socialización” a través de la cual la mujer aprende que la violencia es normal, cree que no puede hacer nada para evitarla o impedirla y cree que no tiene derecho a exigir la no violencia.

Riquer Florinda y Roberto Castro (2008) sugieren las hipótesis de que “quizás hemos descubierto que las distintas expresiones de la violencia de género responden a lógicas diferentes, desde las que se organiza y reproduce la dominación masculina. Esto podría significar que, mientras la violencia en la pareja probablemente responde a la lógica social de la reproducción del parentesco, de los grupos domésticos y de la familia, el acoso y el hostigamiento sexual obedecen a la lógica de producción y reproducción de las instituciones en las que se enmarcan, en concreto, las productivas; y la violación y el feminicidio quizás responden a la lógica social de producción y reproducción de las relaciones de poder con mayúsculas”.

Castro, Casique y Serrano (2008: 97) analizan la ENDIREH 2006 y confirman un efecto significativo del poder de decisión de las mujeres en todos los tipos de violencia. “Un incremento unitario en el valor del índice implica un aumento de 26% en el riesgo de violencia emocional y de 24% en el de violencia económica. Al mismo tiempo, el riesgo de violencia física se reduciría en 49% y el de violencia sexual en 72%”.

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En la sociedad ha habido una evolución muy paulatina sobre los derechos civiles de las mujeres. ¿Cómo ha sido en las iglesias? Más del 70% de la población de los asistentes en las iglesias son mujeres. Pero existen iglesias que no permiten que las mujeres suban al estrado a predicar o dar un aviso, únicamente varones; en otras no les permiten usar pantalones, aretes o maquillaje; en otras las mujeres se sientan juntas en una sección distinta a los varones; en otras no les permiten participar en ministerios u oficios.

Todas estas posturas se escudan en textos bíblicos principalmente en las cartas paulinas, donde los usan de manera literal y fuera del contexto, sin investigación exegética.

2. Incluidas en el proyecto de Dios.

Muchas veces los creyentes pensamos que vamos en caminos correctos y la realidad es que nos distanciamos del proyecto de Dios. Muchos justifican la exclusión de las mujeres al afirmar que ellas no están en el plan de Dios, porque Jesús no escogió mujeres como apóstolas. El papel de las mujeres cristianas dentro de la iglesia es uno de los temas más urgentes de nuestro tiempo, porque tiene que ver con la participación de más de la mitad del Cuerpo de Cristo aquí en la tierra. Ningún cuerpo es sano sin más de la mitad no está funcionando correctamente según sus propósitos. En América Latina y especialmente en México, este tema está siendo debatido con bastante controversia.

En gran parte de Europa, Asia, África, América del Norte (EE. UU. y Canadá) y en América Latina, las iglesias reformadas y presbiterianas han superado todo tipo de exclusión sexual en el ministerio ordenado de la mujer, ordenan para los oficios de Pastoras, Ancianas y Diaconizas. El único país que se ha resistido a reconocer y ordenar mujeres para los diferentes ministerios en la iglesia es México. El cuerpo de gobierno que es la Asamblea General, ha determinado excluir a las mujeres de los ministerios ordenados y ha modificado la Constitución de la Iglesia Nacional Presbiteriana, en que únicamente varones.

Todos estamos de acuerdo que la Biblia es la Palabra de Dios, y además es la única regla de fe y conducta, a la cual todo creyente sebe sujetarse y regular su vida. Pero el problema comienza cuando interpretamos correcta o incorrectamente la Palabra de Dios. Existe una corriente muy fuerte que niega toda participación de la mujer en la iglesia y especialmente como líder de la congregación.

En Hechos 2, el día de Pentecostés el Espíritu Santo llenó a los discípulos, capacitándolos para hablar las maravillas de Dios. En un mensaje, Pedro explicó que Dios había iniciado un nuevo periodo en la historia humana, cumpliendo la profecía de Joel 2:28-29 Después de estas cosas derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad: los hijos e hijas de ustedes profetizarán, los viejos tendrán sueños y los jóvenes visiones. También sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.

El pasaje enfatiza dos veces que tanto mujeres como hombres reciben el Espíritu Santo, y como resultado, tanto mujeres como hombres profetizarán. Este concepto significa “hablar en nombre de Dios”, y por lo tanto, mujeres y hombres hablarán en nombre de Dios. En este periodo de la plenitud del Espíritu, habrá una restauración de la igualdad entre el hombre y la mujer. El Apóstol Pablo en Gálatas 3:27-28, afirma esta igualdad como componente esencial del Evangelio: porque cuando fueron bautizados, también quedaron unidos a Cristo, y ahora actúan como él. Así que no importa si son judíos o no lo son, si son esclavos o libres, o si son hombres o mujeres. Si están unidos a Jesucristo, todos son iguales. La igualdad rompe las barreras socioeconómicas, raciales y de género. Un ejemplo, las hijas de Felipe que eran profetizas, es decir, predicadoras (Hch. 21:9).

Por otro lado, en el mensaje de Pedro en el día de Pentecostés, realiza la base que usa para desarrollar en su carta 1 Pedro 2:4-5 la doctrina del Sacerdocio Universal de los Creyentes, que nos enseña que los hombres y las mujeres somos sacerdotes o ministros de Jesucristo que ministra la Palabra de Dios en medio de su pueblo. En el A.T. los levitas eran los encargados de llevar las liturgias y los oficios; pero Cristo rasgó el velo del lugar santísimo para que todos tuviéramos acceso libre a la Gracia de Dios.

De esta forma, el N.T. defiende que el ministerio de la enseñanza y predicación de la Palabra de Dios, así como la ministración de los medios de gracia, es para hombres y mujeres, puesto que ambos recibieron la misma salvación y la misma fe en Jesucristo.

3. Incluidas en la práctica pastoral.

El argumento que más ha pesado entre los creyentes que gustan excluirá a las mujeres, es el afirmar que el Apóstol Pablo prohibió a las mujeres enseñar a los varones. Para aclarar este punto, es importante conocer la situación social que estaba sucediendo en la Iglesia de Éfeso, a la cual está dirigida la carta de Timoteo. Pero antes debemos mencionar que Pablo en 1 Corintios 11:15 permite que las mujeres oren y profeticen (prediquen y enseñen) en público, siempre y cuando tengan sus cabezas cubiertas. Si no conociéramos el trasfondo histórico de los dos pasajes, diríamos que Pablo de contradice, primero permite y luego prohíbe.

La iglesia de Éfeso que pastoreaba Timoteo tenía un serio problema que había de resolver de inmediato. En la congregación se infiltraron falsos maestros que enseñaban herejías. Estos falsos maestros enseñaban que el matrimonio no era de Dios, que era producto del pecado, así que prohibían a los cristianos que se casaran. Parece que los falsos maestros animaban a las mujeres a abandonar sus casas y reunirse aparte, pero estos falsos maestros aprovechaban la situación para abusar sexualmente de estas mujeres que abandonaban a sus maridos, como las viudas que no se casaban bajo la influencia de esta herejía. Por esta razón Pablo, para combatir esta herejía, recomienda dos cosas: Les pide a las viudas jóvenes que se casen, críen hijos y gobiernen su casa (5:11); y que se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinados ostentosos, como corresponde a mujeres que profesan piedad. En esta última ordenanza, la razón era que con su forma de vestir no provocan sexualmente a los herejes.

Por otro lado, debido al problema serio de los herejes, no sólo abusaban sexualmente de ellas, sino que también las utilizaban para propagar su doctrina herética. Algunas mujeres que habían caído en las trampas de los herejes querían usurpar el liderazgo general de la iglesia, desplazando no sólo a hombres líderes, sino también a mujeres que tenían un cargo en la iglesia. Ante esta situación, Pablo responde “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. Tendremos que analizar la idea que “aprenda en silencio”. El sentido de la prohibición del silencio es absoluto y total, pero es una prohibición local y temporal (limitada a Éfeso y durante este periodo), porque en otras iglesias las mujeres profetizaban y oraban en público.

La otra prohibición era que no enseñe al hombre. Pero el sentido es el mismo que el anterior, porque de la misma manera, Pablo en la carta a Tita, le exhorta a las mujeres mayores a enseñar a las más jóvenes; en la misma Ciudad de Éfeso, Apolos fue discipulado por Priscila y Aquila, con el detalle que no es casualidad el poner primero el nombre de ella, porque era la principal maestra, predicadora y apóstola. Otra evidencia, es el mismo Timoteo, fue discipulado por su abuela y su madre. Por esta razón, la prohibición era temporal y únicamente para esta iglesia, hasta que el problema de la herejía se erradique, ellas podían tomar otra vez su papel en la enseñanza y predicación de la Palabra.

Fuente: Pbro. Alberto Arenas Mondragón

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